ArtÃculo de Ricardo Angoso sobre Kosovo
20 Mayo 2008
LA INDEPENDENCIA DE KOSOVO, ¿UN PROCESO IRREVERSIBLE?
Me sorprendió comprobar lo lejos de la historia, en el espacio y el tiempo, que estaban los Balcanes.
Robert D. Kaplan
El 17 de febrero de 2008, tras haber sido anunciada previamente la independencia de Kosovo por las autoridades albanosovares, miles de albaneses se echaron en las calles en varias ciudades del mundo, desde Tirana hasta Bruselas, pasando por Pristina, París y Zurich. Así hasta en un sinfín de ciudades con significativas comunidades albanesas. En Pristina, la abandonada, sucia y fea capital de Kosovo, la fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada; miles de albaneses, en coches y en cualquier medio de transporte, pero también en las calles, gritaban de alegría y descorchaban botellas de champaña. La ansiada y codiciada declaración de independencia, leída unas horas antes por el líder independentista y ex guerrillero Hashem Taci, junto con otros líderes, era la consecuencia lógica de un proceso que había comenzado unos años antes, en 1999, como fruto de la intervención de la OTAN contra lo que quedaba de la antigua Yugoslavia.
Al margen de los acontecimientos previos que se sucedieron antes de la proclamación de la independencia, hay que destacar y reseñar la prontitud con que la comunidad internacional, pero muy especialmente los Estados Unidos y las grandes potencias europeas, entre ellas Alemania, Francia y el Reino Unido, liderando a la Unión Europea (UE), reconocieron al nuevo Estado, a diferencia de lo que había ocurrido en el año 1991 con las primeras proclamaciones que se produjeron en el seno de la antigua Yugoslavia. Llama poderosamente la atención el cambio de posición de Francia, tradicional aliada histórica de Serbia en la escena europea, pues hasta hace apenas unos meses mantenía una actitud crítica hacia el proceso secesionista de Kosovo que lideraban los Estados Unidos y al que habían inducido (e incluso convencido) a los líderes albanokosovares. Sin el apoyo de Washington a dicho proceso, la independencia de Kosovo, con su reguero de prontos y precipitados reconocimientos, nunca se hubiera producido.
La UE, además, volvió a demostrar su tradicional desunión y característica falta de consenso; varios Estados, entre ellos España, Eslovaquia, Grecia y Rumania, se opsuieron firmemente a la independencia y señalaron que el proceso no era acorde con el derecho internacional y que vulneraba flagrantemente los principios de nuestra sociedad internacional. Los 27 Estados de la UE se reunieron en Bruselas para anunciar pomposamente que estaban de acuerdo en que, por enésima vez, estaban de nuevo en desacuerdo, para gran regocijo, supongo de la diplomacia norteamericana, que siempre busca la división de Europa –ya se sabe:divide et impera-, y que los Estados europeos tenía vía libre para reconocer al nuevo Estado.
En contra de las resoluciones de las Naciones Unidas, del derecho internacional y de todas las resoluciones y acuerdos europeos, la UE auspiciaba y decidía apoyar un proceso ilegal, absolutamente a jurídico y en contra de la soberanía e integridad territorial de un Estado, Serbia, reconocido internacionalmente, miembro de las Naciones Unidas y con negociaciones, de cara a su futura integración, con Bruselas. Serbia, que había estado presionando a todos los Estados europeos con el fin de que este día no llegase y de que la UE no se plegase a las demandas de los líderes albanokosovares, había fracasado obviamente en sus objetivos políticos.
El proceso era la consecuencia (y también el triunfo) de la doctrina Athisaari, el enviado especial de las Naciones Unidas nombrado para buscar una supuesta solución al embrollo de Kosovo y cuyas tesis a favor de la independencia del territorio era bien conocidas desde el comienzo de sus trabajos. Al final, Martti Ahtissari presentó un plan no consensuado ni aceptado por los serbios que pretendía lisa y llanamente la inevitable independencia de Kosovo, tal como ocurrió más tarde. Los serbios le acusaron de escasamente neutral, de contemporizar con las posiciones de los albanokosovares, y de no buscado el acuerdo y el consenso entre las partes. Para los albanokosovares, por el contrario, el plan presentado por el diplomático finés cumplía a las claras con sus expectativas políticas: la comunidad internacional había acabado por aceptar la inevitabilidad de Kosovo y los serbios habían perdido, quizá para siempre, el fetiche sagrado de este territorio mítico y emblemático donde las iglesias, monasterios y monumentos más representativos para el pueblo serbio.
Pero aparte de este cambio de la comunidad internacional con respecto al problema, pero muy especialmente de la UE, había poderosas razones de índole geoestratégica que estaban condicionando todo el proceso y abriendo el camino hacia la "irrenunciable" independencia de Kosovo. Los Estados Unidos tienen ahora entre sus principales aliados en la región a Albania, país que siempre examinó su colaboración y alianza con Washington sin ningún atisbo de crítica y sin ninguna exigencia "moral".
Para la diplomacia norteamericana, la alianza con Albania le garantizaba una salida al Adriático, la utilización de las bases militares albanesas sin ser controlados por nadie y un situación geográfica óptima, en un enclave estratégico a medio camino entre Europa, Oriente Medio y el Cáucaso. La nueva base balcánica ofrecía inmejorables cualidades, desde una opinión pública absolutamente proamericana hasta unos ejecutivos lo suficientemente entregados para no exigir demasiadas contrapartidas.
Las sólidas relaciones entre los Estados Unidos y los círculos albaneses datan de los año noventa, cuando la estrategia norteamericana para la región pasaba por el acoso y derribo del régimen del difunto Slobodan Milosevic; se trataba de una "guerra total", en la que todo valía, contra quien los estrategas del Péntagono consideraban su mayor enemigo en la región.
Eran los tiempos en que Washington apoyaba a Montenegro en su nunca ocultado plan para separarse de Serbia, financiaba, armaba y asesoraba a los ejércitos croata y bosnio para que ganasen la guerra en Bosnia y Herzegovina y Croacia, respectivamente, y, más secretamente, comenzaban a apoyar a los grupos guerrilleros albaneses que luchaban contra los serbios en Kosovo, como el Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), que nunca desdeñó los ataques terroristas indiscriminados en su lucha por "liberar" a lo que consideraban su "patria secular".
El final de la guerra en Bosnia y Herzegovina, en 1995, mostró que Serbia podía ser derrotada y que Washington podía imponer sus planes para los Balcanes sin mucha dificultad. La escenificación de estos planes ocurrió en Dayton, donde la diplomacia norteamericana impuso a los máximos líderes de Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia la partición del territorio bosnio en dos entidades políticas y obligó a croatas y bosnios (musulmanes) a compartir su suerte en una misma entidad política, la Federación de Bosnia y Herzegovina, pese a que ambas partes seguían mostrándose muy reticentes a la colaboración con sus vecinos y a que unos meses antes se habían desangrado en una violenta lucha que a punto estuvo de dar al traste con los planes de Washington.
Pero las cosas habían cambiado rápidamente a favor de los intereses norteamericanos y en contra de Serbia, algo que Milosevic no supo vislumbrar y cuyos errores de cálculo pagan los serbios de hoy. Serbia estaba derrotada, hundida moralmente, con una economía en ruina y un ejército sin moral de victoria tras casi una década de humillaciones y una ruptura traumática del Estado federal y socialista que les había legado el Mariscal Tito.
A partir de 1995, la presión sobre el régimen serbio comienza a ser muy intensa y el nacionalismo albanés, que se siente protegido y tutelado por los Estados Unidos, comienza a demandar violentamente un nuevo marco político y constitucional para Kosovo. Milosevic, nuevamente, no entiende el peligro que le acecha y que provocará, años más tarde, la caída de su peculiar régimen caudillista, populista y autoritario.
Entre 1997 y 1999, con la ayuda, el asesoramiento y también las armas de otros Estados que estaban detrás de este verdadero complot antiserbio, los grupos radicales albanokosovares dan paso a la primera gran organización terrorista albanesa: el ya citado UCK.
Sin embargo, el éxito del UCK no será militar, por mucho que se empeñen sus fundadores en presentar sus atentados y acciones más o menos audaces como una gran batalla de un grupo de guerrilleros valientes frente a un ejército serbio cobarde y sin moral de combate, sino político. Es decir, desde los comienzos del conflicto el régimen serbio fue demonizado por la comunidad internacional, a merced de sus errores, todo hay que decirlo, mientras que las fuerzas del UCK gozaban de la simpatía y el apoyo de la mayor parte de la comunidad internacional.
El gran fracaso de Milosevic fue político, su incapacidad para prever que se estaba esperando una agresión en toda regla en el territorio de Kosovo y que las potencias occidentales estaban cansadas de sus incumplimientos, zafias mentiras y burdas maniobras para mantenerse a toda costa en el poder. Seguramente, si hubiera habido otra diligencia serbia los acontecimientos hubieran sido bien distintos y hoy la realidad de Kosovo sería bien distinta, pero eso es política ficción y aquí estamos intentando hacer análisis político e intentar comprender los acontecimientos tal como ocurrieron.
Así las cosas, y una vez que Serbia se había quedado completamente sola en la escena internacional y sin apenas aliados, la presión albanesa se hace cada vez más intenso y se detecta en el liderazgo albanokosovar un escaso interés por llegar a algún tipo de acuerdo con Belgrado, toda vez que el régimen de Milosevic se muestra absolutamente insensible ante sus demandas y ha apostado claramente por la estrategia militar para resolver el problema de Kosovo.
Sin embargo, explicadas así las cosas sería simplificar, pues también las tentativas de búsqueda de algún acuerdo entre las fuerzas enfrentadas, como lo fue la cita histórica de Rambouillet, en la que los serbios se negaron a rubricar unos acuerdos con los albaneses que habrían significado, en la práctica, el final de la soberanía serbia no ya para el territorio de Kosovo, sino para todo el país, fracasaron, en parte, por el deseo de la comunidad internacional por imponer a la Serbia de Milosevic de unos acuerdos absolutamente humillantes y que nunca hubieran sido aceptados por ningún ejecutivo de Belgrado.
"El personal de la OTAN no podrá ser arrestado, interrogado o detenido por las autoridades de la República Federal de Yugoslavia. Si alguna de las personas que forman parte de la OTAN fuera arrestada o detenida por error deberá ser entregada inmediatamente a las autoridades de la Alianza", rezaba uno de los artículos de los acuerdos que auspiciaba la comunidad internacional para resolver definitivamente el embrollo de Kosovo. Como pueden imaginarse, ningún Estado en el sentido moderno y europeo de la palabra podía aceptar tales acuerdos.
Las negociaciones de Rambouillet fracasaron porque, como señalaba la eurodiputada italiana Luciana Castellina, "lo estipulado en Rambouillet significaba la completa ocupación militar de Serbia y Montenegro. Y no por unas cuantas semanas, sino por tiempo indeterminado, puesto que en el acuerdo se dice que tres años después de su firma se hará una conferencia internacional para estudiar un mecanismo orientado a definir el status de Kosovo en base a la voluntad de su pueblo".
En definitiva, los albanokosovares no tenían mucho interés en el éxito de dichas negociaciones, pues sabían que contaban con el apoyo de la comunidad internacional y que Serbia, a la larga, podría tener la batalla perdida. Y los serbios no comprendieron el peligro que les acechaba: una intervención militar en toda regla de la OTAN.
Luego había otros elementos externos que envenenaban el encuentro de Rambouillet, como la posición de la diplomacia norteamericana, que consideraba "culpables" del conflicto a los serbios y "víctimas" a los albanokosovares. Se trataba, en definitiva, de forzar que los serbios no aceptaran el acuerdo y los albanokosovares "sí", así sería más fácil justificar una futura intervención de la OTAN contra Serbia y, en un futuro, el final de la soberanía serbia en la región, tal como ocurrió finalmente.
No eran unas negociaciones propiamente dichas, sino un ultimátum a Serbia en toda regla, intentando imponer unos acuerdos previamente "cocinados" y "subordinadir" a la diplomacia europea, muy reacia a una intervención contra Serbia, a sus intereses regionales. Los planes norteamericanos para Rambouillet salieron a la perfección, se planeó la intervención de la OTAN contra Serbia -Montenegro ya estaba al margen de lo que quedaba de Yugoslavia- y finalmente llegaría la resolución 1244 y el régimen de protectorado internacional acordado en el año 1999.
Ahora, con la alegría desbordada en las calles, entendemos que el proceso iniciado contra Serbia en Rambouillet sólo podía tener las fatales consecuencias que finalmente acaecieron. En tan sólo nueve años, los que van desde la intervención de la OTAN hasta la reciente proclamación de la independencia de Kosovo, los planes norteamericanos para debilitar a Serbia y consolidar a sus aliados en la región se han coronado con éxito. Serbia quizá ha perdido el Kosovo para siempre, el camino hacia la independencia emprendido por los albanokosovares parece irreversible.
Europa, mientras tanto parece mirar hacia otro lado, al tiempo que la alegría de los albanokosovares se desborda en las calles de las principales ciudades del continente. Esperemos que esta alegría, como otros tantos motivos para la algarabía en los Balcanes, y pienso en el asesinato del archiduque Fernando I, no sea el preludio de un nuevo ciclo infernal para la región.
Archivado en: Derechos Humanos




1 Comentario Comentar
1. Juan Manuel | 19 Junio 2008a las2:40
Me parece muy interesante tu comentario, sobre todo la parte de intervención de los Estados Unidos. Sin embargo, no crees que el problema también es ideológico, contando que en Kosovo la mayorÃa son musulmanes contra la mayorÃa de cristianos en Serbia. No me parece que el problema sea en mayorÃa parte polÃtico u económico. La religión es un factor que puede contra todas las demás.
Por tu atención gracias. Saludos.
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