La guerra de Irak y sus desafÃos, por Ricardo Angoso
MÁS INCERTIDUMBRES QUE CERTEZAS EN IRAK
La nueva oleada de violencia que se abate sobre Irak, tras haber vivido los Estados Unidos en el espejismo de que estaban ganando la guerra y reconduciéndola, vuelve a sembrar de dudas a los estrategas del Péntagono y a sus propagandistas de medio mundo. Los atentados se reproducen a diario, el país se desangra entre las múltiples divisiones étnicas, políticas y religiosas y el funcionamiento del Estado dista mucho de cumplir con los mínimos, como la seguridad de sus ciudadanos, cada vez más en entredicho, y con unas cotas de popularidad cada día más bajas. Los iraquíes, incluso, tienen nostalgia de la época de Sadam Hussein, lo que debería llevar a una mínima reflexión a los apologetas de la invasión/ocupación del país. Reconocer que ha sido un éxito es algo así como un brindis al sol, un gesto inútil y gratuito dedicado a los escenarios mediáticos más desinformados.
Aparte de estas consideraciones, los próximos cambios que se esperan en los Estados Unidos, con relevo en la Casa Blanca y cansancio e impopularidad de la guerra in crescendo en el país, a partir de noviembre, fecha en que se retire el peor presidente de la historia del país después de Carter, es más que previsible que la presencia norteamericana se reduzca aún más y que el resto de aliados que hay continúan -cada vez menos, todo hay que decirlo- hagan un tanto de lo mismo. La retirada británica de Basora reveló de una forma clara y meridiana el cansancio y hastío que envuelve al conjunto de fuerzas occidentales que operan en el ensangrentado escenario iraquí. Por no hablar de las opiniones públicas, que no entienden nada de nada y están cansadas de la llegada de los féretros.
Al caos político y al incontrolado auge de la violencia, en donde las fuerzas de seguridad iraquíes son todavía incapaces de controlar la capital, Bagdad, hay que añadir la infuncionalidad económica y el nulo funcionamiento de los servicios propios del Estado. Asistimos, sin ningún género de dudas, a una crisis de legitimidad que mina paulatinamente las bases sociales que tímidamente apoyaban al actual ejecutivo iraquí. Luego la presencia de terceros países, con intenciones claras de desestabilizar, como es el caso del vecino Irán, siembran de más dudas aún la pervivencia a la larga del actual sistema iraquí.
¿Sobrevivirá una administración iraquí como la actual al día después de la retirada occidental? ¿Qué perspectivas tendrá, en caso de que aguantase el tipo, de evitar la atomización y fragmentación territorial del país? Creo que, visto lo visto, sin que apenas puedan controlar Bagdad, hay que mantener serias dudas acerca de sus verdaderas capacidades, que algunos, dicho sea de paso, consideran nulas.
Demasiados retos, demasiados desafíos, y pocas respuestas. Quizá si Estados Unidos no hubiera actuado unilateralmente y hubiese contado con sus aliados occidentales y los vecinos árabes de Irak, ahora las cosas serían más fáciles, como lo fueron tras la primera Guerra del Golfo y tras ese ensayo fracasado de paz para la zona que nació en la Conferencia de Madrid. Luego está la falta de un debate político sobre el futuro de Irak, la hipermilitarización de la política exterior norteamericana y la ausencia de alternativas razonables a las crisis que no pasen por el uso de la fuerza, tal como ha defendido siempre el segundo Bush.
Las cifras señalan el fracaso de una estrategia y la falta de dirección política
Pero el desastre, tal como anunciaron muchos y los más conservadores entre los conservadores siempre tratan de maquillar, estaba anunciado. Y las cifras cantan gráficamente. Ya han muerto más de 4000 soldados norteamericanos, se calcula que la cifra de muertos iraquíes, entre civiles y militares, podría superar ampliamente los 600.000, en una estimación optimista, el coste total de la guerra se calcula en unos tres billones de dólares, los desplazados, refugiados y exiliados podrían superar la cinco millones y ha habido un millón de víctimas de la violencia. ¿Alguien da más? Luego está el desafío de la reconstrucción, que implicará ingentes recursos económicos y humanos para levantar lo que un día fue un país "normal", aunque gobernado por un puño de hierro tiránico y brutal.
En este estado de cosas, y sin que desvertebración del país haya sido superada para encontrar respuestas al actual megacaos, estamos en un momento crítico y es hora ya de dejarse de fríos eufemismos y retórica triunfalista. Desde fuera de Irak se tiene la impresión de que no hay una estrategia clara para pacificar y estabilizar el país, que el proyecto político para este complejo Estado no está definido y que la actual elite política iraquí, entronizada por los fuerzas norteamericanas, es incapaz de llevar a buen puerto a esta abatida y depauperada nación; más bien lo contrario: sus incontables errores, junto con las interferencias externas, sobre todo iraníes, todo hay que decirlo, no hacen presagiar una fácil andadura en los próximos años. Es decir, que estamos en una situación parecida al día después de la invasión: , sin un horizonte de cambio a corto plazo y sin que desde las propuestas presentadas por los tres candidatos norteamericanos a la Casa Blanca lleguen ideas propias y originales, ¿viviremos los próximos cuatro años con más de lo mismo? ¿Aguantará por más tiempo Irak esta sangría interminable? La incertidumbre, y no la certeza, siguen dominando a la escena política iraquí.
comnetar 13 Mayo 2008



