Archivo de 2 Abril 2008
El Gobierno ZP deja indefensa a Melilla frente al anexionismo de Marruecos
02.04.08 | 17:40. Archivado en Autonomías
(Agencias / PD).- El Gobierno de Zapatero quiere reducir de 4.000 a menos de 2.000 soldados la presencia de nuestras tropas en una zona tan sensible como es la ciudad española del norte de África, que Marruecos pretende anexionar a su territorio. El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, ha dicho que tiene la "confirmación" de los planes gubernamentales, lo que, en su opinión, sería "catastrófico" para la ciudad autónoma.
El presidente de Melilla, el popular Juan José Imbroda, advirtió que será "catastrófico" para la ciudad autónoma que el Gobierno español reduzca "más del 50 por ciento" la presencia militar en la zona, que pasaría de sumar 4.000 efectivos a menos de 2.000, como pretende.
En declaraciones a Europa Press, Imbroda consideró que "ya es un hecho que se va a poner el Plan de Transición del Ejército, bajo las directrices del Ministerio de Defensa, para reducir a la mitad los soldados de Melilla", y partiendo de esta base, criticó que el nuevo Gobierno haya hecho el anuncio "una vez pasadas las elecciones generales, para ocultarlo a los melillenses".
La primera autoridad de la ciudad autónoma declaró que esto va a tener unas "repercusiones muy negativas a la ciudad porque va a suponer un palo muy importante para la economía melillense" al obligar a muchas familias a tener que salir a otros destinos en la Península o Islas si quieren conservar su puesto de trabajo. El presidente de la Ciudad anunció que su Gobierno va hacer lo que esté en su mano "para poner freno a esta medida".
2 Abril 2008
La imagen de Estados Unidos en el mundo ha mejorado, aunque todavía conserva un rechazo generalizado, según un estudio de los servicios informativos de la cadena BBC.
La encuesta de opinión del medio británico señala que a nivel mundial el 35% de la gente considera que EE UU tiene una “influencia positiva” en el resto de los países, cuando hace un año apenas un 31% tenía esta opinión. Esa visión favorable hacia la primera potencia mundial hace asimismo que caiga la visión negativa cinco puntos, aunque son más los que ven a EE UU como un país nocivo por sus políticas internacionales. Los que rechazan a EE UU se sitúan en el 47% frente al 35% de los que ven buena su influencia. Al menos, su imagen ha mejorado en 11 países.
Sin embargo, el país que más ha mejorado su imagen con respecto al año anterior ha sido Rusia, que según el estudio su influencia positiva es reconocida por un 37% de los encuestados frente al 29% del año anterior. Los países mejor vistos por los ciudadanos son Alemania, Japón y la Unión Europea, que mejoran lo que se conoce como poder blando, mientras los peores valorados son Irán, Israel y Pakistán. La encuesta, que todos los años elabora la BBC, se ha llevado a cabo en 34 países.
2 Abril 2008
La dolorosa minoría
Carlos Castillo Cardona. Columnista de EL TIEMPO.
Si la voz del mandatario se vuelve la de los dioses, todo disentir queda por el suelo Una minoría que cree más en la verdad que en la mentira repetida.
Álvaro Uribe dice que "ninguna suma de opiniones falsas, por cuantiosa que sea, resulta en una sola verdad".
Lamentablemente, la realidad política de Colombia nos muestra lo contrario.
Estamos más cerca de la idea aquella de que una falsedad repetida muchas veces acaba por volverse verdad. Y esta fórmula de comunicación y propaganda tiene toda clase de consecuencias negativas para una democracia. La primera de ellas, y quizás la más importante para el ciudadano, son las percepciones y las conductas que las mayorías aplican a la minoría. Cuando existe una imagen favorable del gobernante que llega a más del 86 por ciento, las mentes se enceguecen, sube el volumen de la voz, la fe remplaza a la razón y la autoafirmación obliga a disminuir al oponente. Parece que todo está permitido bajo ese falso principio de que la voz del pueblo es la voz de dios.
Si la voz del mandatario se vuelve la de los dioses, todo disentir queda por el suelo.
Algo les pasa a los colombianos, ya está visto en la historia del mundo. Max Weber distinguía tres fuentes de legitimidad: la racional, mucho más propia de la democracia; la tradicional, típica de las monarquías, y la carismática, que surge en momentos excepcionales, de transición y cambio. En esta última, la legitimidad del líder está basada en sus características personales, consideradas excepcionales. Aunque el presidente Uribe tiene algo de la autoridad tradicional, cercana a nuestra tradición de gamonales, su fuerte se basa en el principio del salvador. Es visto como el único posible; sin él caeremos en el caos o en la hecatombe. Por ello hay que reelegirlo una y otra vez.
Cualquier grupo minoritario verdaderamente sensato, que muchas veces es menor del 15 por ciento que le atribuyen las encuestas se siente arrasado y desmoralizado. Nunca es posible establecer una discusión racional y sensata en reuniones de amigos o conocidos. Tal es la polarización y la arrogancia, que la mayoría puede expresar odio y lanzar amenazas por encima de la razón, la argumentación o los hechos.
El argumento final, pobre en realidad, es el decir "Yo soy uribista por la gracia de dios". Eso mismo decían los iluminados del franquismo, del nazismo. Lo mismo dice Ben Laden. No lo dijeron Stalin ni Mao, porque no creían en dios. La minoría tiene el trato que le han dado a Piedad Córdoba sus propios colegas. Así tratan a mujeres, negros, indios y pobres. Así abandonan niños. La arrogancia da paso a la violencia.
Lamentablemente, la frase citada al comienzo de esta columna no es del presidente de Colombia, sino de su homónimo, el escritor mexicano que publicó recientemente el FCE, en el libro La novela por los novelistas. Nuestro Álvaro Uribe y el equipo que lo rodea creen que es mejor decir muchas veces la misma mentira. Y, por ahora, la mayoría de los ciudadanos se la ha tragado entera. Pero todavía hay una minoría de colombianos que no hace parte del alud de opinión en favor del Gobierno que muestran las encuestas.
Esa minoría cree mas en la razón que en la violencia y la fuerza, en la verdad más que en la mentira repetida, en el respeto a la opinión diversa del oponente más que en el insulto, en la democracia ejercida limpiamente más que en la triquiñuela y la corrupción, y cree que a la larga la justicia prevalece por más que se la presione y ensucie. Esta minoría no prejuzga, piensa, busca razones y pruebas, se alimenta del espíritu universal y cree en los derechos humanos. No se asombra ni se arredra con el insulto y la amenaza. No cree tener la verdad absoluta, pero sabe que todo imperio del absolutismo, creado por la fuerza o por la manipulación de las ideas y los hechos, siempre encuentra su límite. La minoría espera paciente y activa a que el péndulo regrese del otro lado, con la esperanza de que entonces no se vuelva igualmente autoritaria.
Carlos Castillo Cardona
2 Abril 2008
En respuesta a Tahar ben Jelloun
El problema de la convivencia en el mundo no es el miedo al islam, sino el miedo a la libertad
Pilar Rahola
"Tras haber derrotado al fascismo, al nazismo y al estalinismo, el mundo afronta una nueva amenaza totalitaria a escala global: el islamismo". "El islamismo es una ideología reaccionaria que acaba con la igualdad, con la libertad y con el secularismo. Su triunfo sólo puede conducir a un mundo de dominación". "Nos negamos a renunciar a nuestro espíritu crítico por temor a ser acusados de islamofobia, un concepto desafortunado que confunde la crítica del islam en cuanto religión con la estigmatización de sus creyentes". Y, finalmente: "En mi país, si se pega, tortura o mata a un hombre, se llama asesinato. Cuando se mata a una mujer, se llama tradición".
Ninguna de estas cuatro citas han salido de la famosa película Fitna (calvario) del diputado holandés Geet Wilders. Ni tan sólo son citas de escritores occidentales ignorantes o perversos respecto al islam. Las tres primeras citas responden al manifiesto que doce intelectuales firmaron a raíz de la polémica de las caricaturas de Mahoma, la mayoría de ellos musulmanes: Ayaan Hirsi Ali, Chahla Chafiq, Irshad Manji, Mehdi Mozaffari, Talisma Nasreen, Salman Rushdie, Ibn Warraq o Maryam Namazie. Y la cita sobre la opresión de las mujeres es uno de los muchos escritos comprometidos que la escritora de Bangladesh y premio Sajarov, Talisma Nasreen, ha hecho a modo de denuncia, y que le han valido una fetua condenándola a muerte.
Si empiezo así mi respuesta crítica al artículo titulado "Miedo al islam" que Tahar ben Jelloun publicó el sábado en La Vanguardia, no es por falta de argumentos propios, sino para situar en su justo lugar las cosas. La denuncia contra el islam fundamentalista no emana del miedo patológico de Occidente hacia los musulmanes, sino de hechos, discursos y, desgraciadamente, tragedias reales que el propio islam está proyectando al mundo. Es una crítica, por tanto, que nace del compromiso con la libertad, y ese compromiso lo asumen, con alto riesgo para sus vidas, muchos intelectuales musulmanes que han dichodefinitivamente basta. A menudo sin otro apoyo que su innata valentía, abandonados a una soledad inmoral por parte de sus colegas escritores. No me vale, por tanto, el simplismo de considerar que los occidentales tenemos miedo al islam, como si fuera ello fruto de una ignorancia supina, una maldad endémica o, directamente, un prejuicio.
Por supuesto, hay críticas que nacen del prejuicio, y no seré yo quien niegue la existencia de la islamofobia, como existe el racismo. Pero, estimado Tahar ben Jelloun, ¿no hay motivos para temer al islamismo? ¿Se inventa Geet Wilders las citas, las llamadas a la yihad de líderes islámicos, las imágenes de los sangrantes atentados que, en nombre del islam, se han perpetrado? No, y ese es el drama, que el material para el odio no se lo inventa un líder de extrema derecha, sino que emana del propio cuerpo social y político del mundo islámico. Por supuesto, el diputado lo utiliza perversamente, porque mezcla religión con ideología, en un tótum revolútum intrínsecamente malvado. Pero el problema es anterior incluso a sus malas intenciones. El problema del mundo, si me permite, no es Geet Wilders, sino el inequívoco acoso a la libertad que la ideología fundamentalista ejerce, con notable eficacia, en todos los lugares donde consigue influencia.
Perdone, pero mientras en Europa unos dibujantes hacen unas caricaturas críticas con Mahoma -en línea con la tradición libertaria contra las religiones que marcaron todo el siglo XX-, o aparecen iniciativas como la de Geet Wilders, rechazadas por todos, en decenas de países islámicos se inculca el odio a los judíos, se desprecia a las mujeres, se demoniza la Carta de los Derechos Humanos e incluso se financia a grupos terroristas que mezclan a Dios con la muerte. Me temo que el problema de la convivencia en el mundo no es el miedo al islam, sino el miedo a la libertad que, en nombre del islam, inculca la ideología fundamentalista. Y ese miedo mata.
2 Abril 2008