Las verdaderas intenciones de Hugo Chávez
LAS VERDADERAS INTENCIONES DE HUGO CHÁVEZ
RICARDO ANGOSO, 2008.
En un momento de grave descomposición del régimen, desabatestecimiento generalizado de la población y cuando la oposición parece haber tomado la iniciativa en la calle y haber sido capaz, en diciembre del año pasado, de derrotar al chavismo limpiamente, el infuncional régimen de Hugo Chávez parece haber optado por una huida hacia adelante en toda regla y, por intentar, en un manido recurso de casi todos los caudillos populistas, movilizar al país en clave nacionalista con un crisis artificial y creada por la larga escalada retórica de Caracas contra el presidente colombiano, Alvaro Uribe. Chávez, que arrastra casi una década de fracasos económicos, corrupción generalizada, despilfarro descontrolado, nepotismo galopante y afasia colectiva de una sociedad monopolizada y amordazada por el omnímodo aparato chavista, afronta una grave crisis de su régimen, en un país donde ya ha habido en el pasado abruptos estallidos sociales y en que la paciencia de la calle, tal como se ha visto en los últimos asaltos a los supermercados, parece tener fecha de caducidad; la coyuntura social, en un Estado incapaz de administrar sus ingentes recursos económicos generados por la industria petrolera, ha golpeado a los sectores más desfavorecidos y el descontento se extiende ya a amplias capas de la población.
El contexto no podía ser más desfavorable para el régimen y la respuesta de Chávez, que siempre ha tenido un notable olfato político, no se ha hecho esperar. Invocando la amenaza externa, pese a que el ataque había sido contra Ecuador, aunque los detalles de lo acaecido son bastante confusos todavía, el máximo líder venezolano ha roto las relaciones diplomáticas con Colombia y ha enviado tropas a la frontera. Todavía no las ha cerrado, pues todo el mundo sabe que hacerlo constituiría una tragedia para los miles de venezolanos que todos los días cruzan la frontera para hacer acopio de leche, arroz, productos básicos, pasta e incluso pan, objetos alimenticios básicos imposibles de encontrar en Venezuela a precios módicos y que abundan en los mercados colombianos. Luego, la situación interna no es lo mismo que hace diez años, cuando los partidos tradicionales se disolvieron como un azucarillo y el sistema político fue incapaz de generar una respuesta ante la grave crisis social, política y económica que atravesaba Venezuela; la oposición se comienza a reorganizar y tiene la capacidad de derrotar al régimen, que pretendía un partido único al estilo cubano, en un proceso electoral limpio y ausente de fraude.
Chávez necesitaba de esta crisis pues necesita la cohesión interna para asegurar la supervivencia política de su régimen y la existencia de un supuesto enemigo exterior, al que culpar de todos sus consabidos fracasos, le brinda una oportunidad de oro para explotar en la ya referida clave nacionalista este momento absolutamente adverso para la "revolución bolivariana", tanto en el plano interior como en el exterior. En el interior, como ya me he referido antes, el régimen ha sido incapaz de sentar las bases para asegurar un mínimo de prosperidad y bienestar a los venezolanos.
Y es que, como explicaba el periodista venezolano Rafael Poleo, "cuando va hacia los diez años en el ejercicio de un poder casi total, gastando a discreción los dineros públicos y usando instituciones como la Legislatura, la Fiscalía, la Contraloría, la Judicatura y la Fuerza Armada para eliminar a sus adversarios, Hugo Chávez no ha logrado montar un gobierno de mínima eficacia ni estructurar un partido político que le respalde. Las industria básicas, especialmente la petrolera, están desmanteladas y son pasto de la más descarada corrupción. Sin empleo propiamente dicho, los pobres viven de la limosna gubernamental". Resumiendo: Venezuela es hoy un caos caribeño ingobernable, desabastecido y sumido en una crisis de enorme calado que necesita respuestas eficaces, modernas y serias más allá de las recetas populistas y demagogas que exhibe tan frecuentemente el máximo ideólogo del "socialismo del siglo XXI".
Una deriva del régimen chavista de impredecibles resultados
Mientras que, en el plano exterior, sus excelentes relaciones con los países menos democrático del mundo, desde Irán hasta Bielorusia, pasando por Cuba, Corea del Norte, China y Siria, le han granjeado al régimen numerosos enemigos y un descrédito casi total en medio mundo. Chávez fomenta la cooperación con estos países en aras de crear una suerte de gran "alianza" internacional contra los Estados Unidos -algo en lo que no muestran demasiado interés sus posibles socios- y sus aliados en la zona, entre los que se encuentra Colombia, con la que hasta hace tres meses mantenía unas relaciones formalmente protocolarias y "normales". En estos meses, sin embargo, las cosas empeoraron: Fidel Castro, considerado por Chávez como su mentor, se ha retirado, el cerco sobre Irán, con un previsible consenso de Rusia en reforzar las sanciones, se estrecha y el peso del resto de sus "socios" en su proyecto expansionista es irrelevante. Por último, el apoyo del Gobierno de Caracas a algunos grupos terroristas, como a las FARC y al ELN, que ha reconocido oficialmente, algo que todavía no había hecho nadie en la escena internacional, e incluso a Hamas y Hezbolá, que mantienen abiertas sus oficinas con discreción en suelo venezolano, le deslegitima internacionalmente y le resta credibilidad. Incluso sus supuestos aliados continentales, como Argentina, Brasil y Panamá, se muestran mucho más cautos y reticentes a la hora de tolerar el nunca ocultado proyecto expansionista de Chávez que hace unos meses. Asimismo, Chávez ha tenido problemas y encontronazos diplomáticos con una docena de países, entre ellos España y, por supuesto, su sempiterno enemigo, los Estados Unidos.
Así, llegado a este punto de difícil resolución y de casi no retorno a la sendas de la normalidad democrática, pues sería reconocer implícitamente el fracaso de un proceso que cada día que pasa manifiesta más claramente su "naufragio" político y su intrínseca incapacidad para llevar a cabo reformas estructurales, el presidente Hugo Chávez se encuentra, como si fuera el conocido protagonista de una novela de García Marquez, al final de su laberinto, atrapado en un tardorevolucionaria retórica obsoleta que ya no funciona y moviliza y y un sistema político claramente en descomposición. La actual crisis prebélica, si surte efecto, como piensa Chávez, y logra movilizar a los venezolanos, bastante cansados de demagogia barata y un desmedido alarde de vacua pasión "bolivariana", el régimen quizá logre contener la hemorragia y cortocicuitar la evidente sangría. Pero, de lo contrario, si los resultados no son los esperados, podemos estar a las puertas de una crisis de más hondo calado y de un final de régimen chavista de incierto guión.
El recurso nacionalista, empleado por los Ceausescu, Honecker y compañía al final de sus respectivas descomposiciones, no siempre depara los resultados deseados y, a veces, es el canto del cisne antes de entrar en la definitiva fase de la agonía política. Las próximas semanas serán vitales para el régimen venezolano, aunque quizá su nueva deriva belicista y militarista puede deparar sorpresas inesperadas y resultados de incierto calibre. Todo puede pasar, pero ya nadie puede ignorar las verdaderas intenciones de este antiguo ex militar golpista: apuntalar un régimen moribundo en una impredecible e inesperada huida hacia adelante. Como el Bolívar de García Marquez, Chávez puede anunciar a los cuatros vientos. "¡Carajos qué laberinto!". Desde luego.
comnetar 5 Marzo 2008




