Archivo de 28 Febrero 2008

En el 75 aniversario de la llegada de Hitler al poder

El Reichstag, durante el incendio. (Foto: AP)

75 ANIVERSARIO DE LA LLEGADA AL PODER DE LOS NAZIS:

REFLEXIONANDO ACERCA DEL COMIENZO DE LA TRAGEDIA

Por RICARDO ANGOSO, 2008.
¿Buscas fuego? Lo encontrarás en las cenizas.
Rabino Mosche Löw von Sasow

En 1933 llegaba al poder, de una forma democrática, Adolfo Hitler, aunque sin mayoría absoluta. Más tarde, una vez que la aristocracia, la derecha, el ejército, la banca y el poder industrial  aceptaban el resultado y, como mal menor, el poder de los nazis, Hitler subvertirá el sistema, ilegalizará a los partidos políticos y sindicatos, detendrá a sus oponentes y convocará unas nuevas elecciones donde obtendría la mayoría absoluta de un parlamento que más tarde cerrara hasta que la derrota militar permita el lento regreso a la normalidad de Alemania. En tan sólo doce años, entre 1933 y 1945, el Führer del III Reich, destinado a gobernar Alemania por más de mil años, en palabras del propio Hitler, constituyó una de las experiencias políticas y criminales más trágicas de la historia universal. Había comenzado una gran pesadilla para millones de personas que morirían, más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos en los campos de exterminio abiertos por los nacionalsocialistas.

“¿Por qué nos odian tanto?”, se preguntaban asustados los miles de judíos, homosexuales y gitanos que eran enviados, en trenes de ganados, a los campos de exterminio nazis. ¿De dónde procedía el odio que había puesto en marcha la maquinaría criminal más impresionante de la Historia? ¿Qué nutrió intelectualmente y moralmente a una ideología que es la expresión más clara de hasta donde puede llegar la perversión de la política? ¿Cómo fue posible que mil años de tranquila y sosegada vida alemana, plagada de una rica tradición literaria, artística e incluso musical, se viera truncada, casi de repente y súbitamente, por la irrupción en la escena de la ideología nazi y sus verdugos voluntarios?

A todas estas preguntas, hechas una y mil veces por los supervivientes del Holocausto y por las víctimas del nazismo, es difícil darlas una respuesta precisa y claramente concluyente, aunque hay factores y elementos anteriores a la llegada al poder de los nazis que arrojan bastante luz sobre el origen del nazismo y su irresistible ascenso (incluyendo aquí el éxito electoral de Hitler) en la Alemania del periodo de entreguerras. Muchos son los que prefirieron mirar hacia otro lado cuando terminó la guerra e intentar obviar este siniestro paréntesis de la historia de Alemania (1933-1945).

Pero no se tratar de olvidar y reprimir el recuerdo, sino de mantener viva la memoria de las víctimas de esta auténtica tragedia que acaeció en el corazón de Europa. Recordar lo acaecido e intentar comprender lo ocurrido para evitar que se vuelva a repetir, tan sólo así la Humanidad puede avanzar y conjurar a los fantasmas del pasado, siempre tan presentes en esta historia de una Europa que  parece querer repetir los mismos errores periódicamente.

Y es que, como aseguraba el profesor Santos Juliá, reprimir el recuerdo es creer no haber sido lo que se fue y, en consecuencia, hablar como si nunca se hubiera sido. “Le ocurrió a muchos de los que ingresaron en el partido nazi impulsados por la voluntad de poner su vida al servicio de una causa sublime, compartida por miles de camaradas. Luego cuando las cosas no salieron como se habían imaginado y tuvieron que rendirse a la evidencia de la muerte y la devastación que ellos mismos habían provocado, no les fue posible reconocer que habían sido parte activa de ese horror”, aseguraba el historiador citado al comienzo de este párrafo.

En definitiva, cuando han pasado 75 años desde la llegada al poder de los nazis y recordamos ahora los resultados de su demencial política criminal, convendría detenernos en los orígenes de esta tragedia e intentar comprender cómo fue posible que una de las naciones más modernas y antiguas de Europa se dejara seducir por esa perversión política que constituyó el nacionalsocialismo.

Quizá así, y sin perder esta perspectiva, podamos entender las actuales manifestaciones de quienes desde diversas latitudes siguen negando la magnitud de la tragedia y avivando, en definitiva, el odio racial. Tampoco mantienen el mínimo respeto exigido a las víctimas, sería pedirles demasiado. Su espeluznante indiferencia, junto con una no soterrada criminalización de los que sufrieron el Holocausto, les resta toda legitimidad moral e intelectual.

El revisionismo sigue presente y los negacionistas, como se vio en el espeluznante aquelarre organizado por las autoridades iraníes en Teherán para negar los campos de la muerte, mantienen viva la llama de su discurso desde hace décadas para defender lo indefendible, pues no cuestionan la existencia de la persecución racial, sexual y étnica sino las cifras y la magnitud de la tragedia que padeció Europa en aquellos terribles años. Para ellos, la ideología y los métodos no son cuestionables, pues quizá beben de las mismas fuentes totalitarias, sino que el régimen no fue lo suficientemente eficiente para haber cumplido con sus macabros objetivos. Se trata de un pensamiento cínico y reprobable, casi diabólico, pero sigue habitando entre nosotros y permanece vivo incluso en el discurso intelectual de algunos sectores progresistas y de izquierda, incapaces de entender que la tragedia que se abatió por Europa hace ya 75 años no tenía límites más allá de su nefando programa de exterminio y destrucción.

comnetar 28 Febrero 2008


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