Contra la dictadura chavista, por la libertad y la democracia de Venezuela
ANTE EL REFERÉNDUM DE VENEZUELA
RICARDO ANGOSO, 2007.
Cuando quedan apenas unos días para que se celebre el decisivo referéndum para la reforma de la Constitución venezolana, el máximo líder y presidente de este rico país, Hugo Chávez, continúa con su campaña intimidatoria contra la oposición y exhibiendo ese discurso a medio camino entre la demagogia populista y el radicalismo revolucionario que hasta ahora le ha dado tanto éxito. Lógico: su tan cacareada política social, que tantos bardos tiene entre los paleoestalinistas europeos y los analistas de salón al estilo de los colaboradores de Le Monde Diplomatique, no es más que un tinglado político-económico tejido sobre unas redes clientelares que se reparten las migajas procedentes de la industria petrolera que el régimen administra a su antojo y capricho entre sus partidarios. El país sigue mostrando un estado de absoluta miseria y ruina, mientras que el dinero generado por la subida de los precios del crudo se despilfarra de una forma vergonzosa y caprichosa.
En este decorado surrealista y autoritario construido por Chávez en el Cáribe, a tan sólo unas horas de Miami y Buenos Aires, ahora ha llegado la hora de la verdad, una vuelta de tuerca más hacia la dictadura caudillista y un trasnochado socialismo que se mira en el espejo de la fracasada Cuba para sacar del atraso secular a un país abatido tras décadas de gobiernos corruptos, golpes de Estados y latrocinio organizado desde las altas instituciones del Estado. Para cambiar las cosas, piensan los chavistas, lo mejor es destruir las instituciones democráticas, imponer el socialismo planificado al estilo soviético y caminar al régimen de partido único y dictadura cuartelera. Por lo pronto, la represión organizada desde las altas instancias del Estado ya ha comenzado y la policía, al estilo de los CDR´ cubanos, ya ha mostrado su peor faz: la brutalidad de los movimientos pacíficos y democráticos que osan desafiar a la pesadilla orweliana “diseñada” por Chávez.
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Hace años que el régimen chavista no tiene nada de democrático, su legitimidad está socavada porque no se cumplen las mínimas reglas que se deben dar en un sistema de estas características, a saber: la oposición democrática tiene que tener la posibilidad de ganar unas elecciones y ser una alternativa real, los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) tienen que actuar independientemente, los mecanismos electorales tienen que ser limpios y transparentes y tiene que haber libertad de prensa. Ninguno de estas condiciones básicas se cumplen en la Venezuela del “socialismo del siglo XXI”, y el régimen incluso ahora pretende ir más lejos y darle un carácter político-constitucional a esta semidictadura encubierta en aparentes formas democráticas.
Chávez, que sabe que se juega mucho en este referéndum, ha movilizado a sus huestes –por no decir hordas, pues quien ha sido testigo de sus brutales actuaciones en las calles de Caracas, como quien suscribe estas líneas, sabe bien de sus “beatíficos” medios para amedrentar a la oposición: las palizas, el insulto y las agresiones indiscriminadas- y pretende conseguir una victoria sobre la oposición democrática rotunda y contundente, para así evitar una vuelta atrás y eliminar para siempre cualquier vestigio de disidencia o debate de ideas, algo que molesta realmente al delirante de Caracas.
Una victoria del chavismo en este referéndum significará el final de la sociedad civil venezolana, el comienzo de una nueva era marcada por el estatismo, el intervencionismo del Estado en todos los órdenes de la vida y el seguro establecimiento de un sistema de partido único por muchos años. No se debe descartar ningún resultado, toda vez que el régimen controla casi todos los medios de comunicación, la oposición ha sido amedrentada, amenazada y agredida y que se han repartido ingentes medios materiales y económicos a sus partidarios para acallar las protestas y comprar, literalmente, a los más dubitativos con respecto al alcance real de las reformas emprendidas por el histriónico presidente venezolano.
Así las cosas, y cuando quedan apenas unos días para la consulta, los demócratas de todo el mundo debemos de estar preocupados. Una nueva victoria del chavismo puede ser el punto y final a la experiencia democrática venezolana, el regreso a las cavernas totalitarias y a la dictadura cuartelera; Chávez mismo dio un golpe de Estado en los comienzos de los noventa y nunca ha despreciado el uso de las armas si la situación lo requiere. Por ahora, a su favor, cuenta con que el ejército está con el régimen y que, según buenos conocedores de la situación venezolana, la institución está adherida de una forma casi monolítica al chavismo. ¿Cambiarían las cosas en caso de un resultado adverso en el referéndum? ¿Aceptaría el máximo líder una derrota en las urnas y volvería a “jugar” con las reglas democráticas? Las respuestas a estas preguntas, junto con otras que ahora gravitan sobre el mal llamado proceso revolucionario venezolano, las tendremos en los próximos días. Mientras tanto, la izquierda de aquí permanece sospechosamente silenciosa e incluso algunos, llevados por la pasión y el candor del paleoestalisnismo trasnochado, le ríen las gracias al dictador y creen ver logros en la miseria que resuma tras el sórdido decorado chavista.
comnetar 25 Noviembre 2007



