Archivo de 5 Noviembre 2007
Monday November 05, 2007 Irán acusa a EEUU de entrenar en Irak a bandas terroristas Teherán, Irán. IRNA. 5 de noviembre de 2007
Nacional. Internacional. Política.
Tras la caída de Saddam algunas bandas terroristas estaban inactivas, pero éstas se han ido reavivando y reforzando durante estos cuatro años y medio de ocupación; tenemos muchas noticias de que estas bandas han sido entrenadas por las fuerzas norteamericanas, que en sus bases se han requisado numeroso equipamiento procedente de EEUU, y que incluso algunos de sus cabecillas han mantenido encuentros con autoridades de Washington fuera y dentro de Irak.
Estas han sido las declaraciones textuales del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Seyyed Mohammad Ali Hoseini, al preguntársele en una rueda de prensa hoy lunes cuál es la postura que mantiene Teherán en el asunto del PKK kurdo.
Recordó asimismo que EEUU, como ocupador de Irak, es el principal responsable de la estabilidad y la seguridad de este país e insistió en que no se les debería brindar la ocasión a las bandas terroristas para que cometan atentados en los países vecinos.
El portavoz se mostró confiado en que se opten por “vías diplomáticas” que “acarreen los menos gastos posibles” para solucionar la crisis que se ha desatado entre Irak y Turquía a cuenta del PKK.
5 Noviembre 2007
Rusia acogería la participación de Irán en un centro de enriquecimiento de uranio en territorio ruso Moscú, Rusia. IRNA. 3 de noviembre de 2007
Internacional. Nacional. Ciencia. Economía.
Serguei Kiriyenko, presidente de la Agencia Federal de la Energía Atómica de Rusia (AFEAR), ha manifestado que acogería la participación de Irán en el Centro Internacional de Enriquecimiento de Uranio situado en la ciudad rusa de Angarsk, al este del país.
De acuerdo con la agencia de noticias Interfax, Kiriyenko ha manifestado en una rueda de prensa que Irán podría ser “accionista” de estas instalaciones y no sólo adquirir combustible para sus centrales a un precio razonable sino también beneficiarse de las ganancias en calidad de accionista.
Preguntado por la oposición mostrada por Rusia a que se levanten instalaciones de enriquecimiento de uranio en “países árabes”, el jefe de la AFEAR respondió que “en nuestra opinión, las instalaciones de enriquecimiento de uranio deberían ser muchas pero es obvio que tienen que estar ubicadas en aquellos países que ya poseen la tecnología del enriquecimiento para que ésta no se extienda por el mundo.”
5 Noviembre 2007
TRAS IRAK, YA SE ANUNCIA LA DEBACLE DE IRÁN
POR RICARDO ANGOSO, 2007.
Después de haber fracasado estrepitosamente en Irak, donde las fuerzas norteamericanas están cosechando una derrota militar sin precedentes desde la guerra del Vietnam, los halcones más desinformados de la actual administración norteamericana, junto con los afinados neonconservadores de medio mundo, que no dan una derecha, pretenden ahora presentar ante la opinión pública internacional el asunto del programa nuclear iraní como el casus belli para justificar una acción militar contra el régimen teocrático persa. Otro nuevo desatino, otra nueva vuelta de tuerca en la peor de las direcciones. No han aprendido nada de nada, y llevan al mundo al peor de los escenarios posibles.
Si bien durante la guerra fría, e incluso después, las guerras se desarrollaban en escenarios convencionales y visibles, está claro que después del 11 de septiembre, los atentados terroristas en España y en el Reino Unido y la amenaza global de Al Qaeda (La Base), que golpea en todo el mundo, incluyendo aquí a países de raigambre musulmana, nos encontramos con nuevas amenazas que implican nuevas respuestas y planteamientos menos simplistas que a los que estábamos acostumbrados hasta ahora. Las respuestas, por tanto, deben ser otras, aunque este planteamiento pueda parecer una obviedad dicho así.
Que el peor presidente de la historia de los Estados Unidos, el segundo Bush, se embarcara en una guerra imposible de ganar y llevase a la Alianza Atlántica a una crisis sin precedentes y a tener que desarrollar una labor titánica en un escenario absolutamente adverso, como Afganistán, demuestran la grave crisis que atraviesa la diplomacia norteamearicana. A este punto muerto, en donde abunda poco la diplomacia y la acción política, lo denomina el profesor Francis Fukuyama “la hegemonía autodestructiva de Estados Unidos”.
Llegados a este punto, y cuando ya se anuncia la debacle definitiva de Irak, que tendrá su contrapunto en la ya anunciada intervención turca contra el “Estado kurdo” en el norte de este país y la consabida hegemonía futura que jugará Irán en la vida política iraquí, sobre todo en lo que se refiere al mundo chií, más le valdría la pena a la diplomacia norteamericana no desantender las voces que le piden contención con respecto al régimen teocrático iraní y recomponer sus relaciones con Europa, incluyendo aquí a países tradicionalmente críticos con su política suicida, caso de España, aunque no les guste.
Pero estamos hablando de política y de reconducir las cosas hacia una situación racional y objetiva desde la cual solucionar las cosas, no de pasiones y de animadversiones injustificadas, los dos principales sentimientos que han guiado a la administración Bush a la hora de entender la compleja sociedad internacional que se le venían encima a los Estados Unidos tras las nuevas amenazas. Desdeñaron la política, el diálogo y la acción diplomática y los resultados a la vista están: nunca Oriente Medio había estado peor.
Tanto los Estados Unidos como Israel, que han pasado por experiencias parecidas en los últimos tiempos, tras sus respectivas guerras fallidas en Irak y el Líbano, deberían aprender que ya no nos encontramos ante enemigos convencionales, claros e identificables, sino ante actores que actúan en una guerra asimétrica imposible de ganar con los medios clásicos. Hay que cambiar las variables de acción porque los escenarios ya no son los mismos, están sujetos a nuevas coordenadas.
Actúan procesos sociales complejos, nuevos actores con apoyos exteriores pero que no pueden ser separados de los elementos endógenos de las áreas donde actúan y que cuentan con los elementos tecnológicos que las sociedades modernas que desdeñan les aportan. Para batirles, habrá que bajar a su terreno, combinar la acción militar con la política y la diplomática, conocer el terreno en profundidad, respetar las idiosincrasias culturales y actuar coordinadamente con actores locales que secunden las políticas que se pretenden impulsar. Sin hacer compatibles estos principios, tal como ha hecho Estados Unidos en Irak, será imposible alcanzar una victoria ni a corto ni a largo plazo, pues las opiniones públicas se agotan y acaba tan erosionada la legitimidad de una intervención que la hace insostenible en una sociedad democrática –caso del ataque israelí contra Hezbolá en el verano de 2007-.
Y, por último, ¿por qué habríamos de creer que la actual administración norteamericana sería capaz de gestionar una intervención contra Irán mejor y con mayor habilidad que como lo ha hecho en Irak? No olvidemos que nos encontramos con un enemigo más cohesionado, con más apoyo internacional, mejor armado y más decidido políticamente. Por tanto, es hora de hablar de política, sentarse a negociar con los persas y buscar una salida política que evite un nuevo desatino. Esperemos que reine la cordura, pues sino otra nueva debacle está anunciada, aunque a estas alturas cabe preguntarse si estas cuestiones interesan a la Casa Blanca y si en ese espacio de territorio norteamericano aún existe vida inteligente. Veremos qué pasa.
5 Noviembre 2007
VENEZUELA ANTE EL REFERÉNDUM DEL 2 DE DICIEMBRE
POR RICARDO ANGOSO, 2007.
Tras la reciente aprobación de la reciente reforma constitucional por parte de la Asamblea Nacional de Venezuela, el país se muestra más bipolarizado que nunca y, por primera vez, las protestas callejeras amenazan la estabilidad de un régimen que hasta ahora gozaba de la ausencia de una oposición real y organizada. El movimiento estudiantil, cada vez más activo ante el afán no disimulado del régimen chavista por ocupar todos los espacios, podría convertirse en el aglutinador de una sociedad civil cada vez más descontenta ante el giro izquierdista e intervencionista que pretende impregnar la nueva reforma constitucional en el ordenamiento político venezolano.
Por ahora, aparte de la tradicional oposición política venezolana, que no mostró grandes reflejos políticos en los comienzos del régimen que ahora se pretende de partido único, ya han manifestado su apoyo a estas protestas las organizaciones de empresarios, la Iglesia católica y los rectores de las principales universidades venozalanas. Estos sectores sociales, junto con la Venezuela del silencio que generalmente no participa en la vida política, podrían vertebrar y articular todo un movimiento de protesta y defensa del voto negativo ante el referéndum del dos de diciembre. Para empezar exigen una moratoria de tres meses en la consulta que se celebrara en dos fases, de tal forma que la población pueda conocer el alcance de la decisiva reforma y debatir sobre la misma, algo que como era de suponer molesta al máximo líder venezolano, el hasta ahora indiscutido Hugo Chávez. El presidente venezolano es más amigo de la descalificación e incluso el insulto del adversario que del debate y la discusión rigurosa; prefiere los monólogos donde le aplauden sus gorilas de uniforme rojiverde en “Aló Presidente” que la escena parlamentaria.
La reforma constitucional, que encamina a Venezuela hacia un régimen de tipo socialista más cercano a la Cuba castrista que al socialismo democrático chileno, incluye la reelección indefinida del delirante de Caracas, el fortalecimiento de los poderes del presidente, el fin de la autonomía del Banco Central, el famoso y controvertido “poder popular” –sobre todo para Chávez, claro- y un descarado intervencionismo del Estado en todas las áreas de la economía, institucionalizando las expropiaciones de determinadas propiedades privadas en función del “interés general”. El proyecto, resumido en dos grandes líneas, pretende convertir a Venezuela en un Estado socialista, con el fin de repartir la pobreza y ahogar toda iniciativa privada, bien sea del exterior como del interior, y permitir a Chávez gobernar sin límite y, lo que es más importante, sin ningún tipo de control por parte de los tradicionales tres poderes de las democracias de todo el mundo. Estos asuntos, que deberían escandalizar a cualquier demócrata europeo, son aplaudidos como “logros” por Le Monde Diplomatique y otros izquierdistas trasnochados que escriben sus columnas sin ni siquiera haberse paseado por las villas de la miseria y el miedo levantadas por un régimen basado en el clientelismo y en el reparto de la corrupción.
Pero hay asuntos todavía más polémicos en la nueva reforma constitucional: se limitan las garantías procesales y la libertad de información en estados de excepción, asunto este último que debería preocupar a todos los informadores del mundo, pues constituye un precedente único y gravísimo en la vida de América Latina. También, de ser aprobada la nueva Constitución “bolivariana” (pobre Bolívar, que siempre fue un liberal), los estados de excepción no tendrían limitación de tiempo, lo que daría a Chávez amplio margen de maniobra para gobernar y poner fuera de juego a la oposición democrática a su antojo.
Arguye Chávez que tanto sus poderes como los la Asamblea que aprobó su reforma son democráticos y que provienen del pueblo, que libremente votó por las mismas. Todo ello es relativamente cierto, pero descansa sobre una falsedad fundamental: Chávez confunde los mecanismos de la democracia con sus contenidos. Nunca será una democracia un país donde el poder del presidente sobre los poderes legislativo, judicial y ejecutivo es absolutamente desesquilibrado y donde no existen mecanismos de control de ningún tipo. Luego un sistema democrático tradicional, tal como lo entienden todas las democracias del mundo, implica la existencia de una prensa libre, una oposición democrática que sea realmente una alternativa y que pueda ejercer libremente como tal y, por último, unos mecanismos electorales que permitan la plena e igualitaria participación de todos los actores políticos en igualdad de condiciones ante las urnas. Ninguna de estas tres condiciones se dan actualmente en la Venezuela chavista.
La oposición democrática, junto con aquellos sectores que la secundan, saben que en el referéndum del próximo mes se juegan mucho y que si el resultado de la consulta es afirmativo quizá ya no haya vuelta atrás. También teme que el régimen no juegue limpio y fuerce un resultado no deseado por la ciudadanía. Chávez ya ha anunciado que su objetivo es convertir a Venezuela en una régimen de partido único guiado por el “socialismo del siglo XXI”, una patochada eufemística que tan sólo esconde un régimen intervencionista y estatalista catalizador de viejas fórmulas fracasas –como los regímenes socialistas- y sin resquicios para la libre expresión de la sociedad civil. Nada que ver con la democracia. Lo que está en juego el próximo dos de diciembre no es ni más ni menos que el sistema democrático venezolano. ¿Será capaz de reaccionar la sociedad venezolana ante tan maño desafío y apostar decididamente por la libertad y la democracia? Veremos qué pasa.
5 Noviembre 2007