Venezuela, una democracia menguante
VENEZUELA, UNA DEMOCRACIA MENGUANTE QUE CAMINA HACIA LA DICTADURA
POR RICARDO ANGOSO, 2007.
Hace unos días la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó la reforma constitucional promovida por el presidente Hugo Chávez. Fueron 33 las emniendas propuestas por el Gobierno y otras 36 incorporadas por uno de los legislativos menos democráticos del mundo: todos los diputados son chavistas y apoyan sin fisuras al máximo líder, nadie se atreve a discutir su omnímodo poder. Por 161 votos a favor y 6 en contra, sobre todo procedentes de izquierdistas que querrían profundizar más en el anacronismo totalitario en que se ha convertido la dictadura de Chávez, la cámara refrendó la reforma que el “gran timonel” quería para convertir a Venezuela en el tipo de ergástula con la que este ex militar sueña desde que diera un golpe de Estado allá por los comienzos de los noventa.
Algunos, que ya denuncian que el régimen se encamina hacia la dictadura, están preparando todas sus fuerzas para movilizar al electorado en contra de estas reformas que abundan, aún más, en la línea de lo que el dictador denomina el “socialismo del siglo XXI”, un patochada eufemística que tan sólo esconde un modelo político personalista a medio camino entre las aberraciones polpotianas y el “paraíso” castrista, verdadera influencia programática e ideológica del delirante de Caracas. El referéndum está anunciado para el próximo dos de diciembre y son muchos los que temen que el fraude puede estar servido, sería el definitivo entierro de la paupérrima democracia venezolana.
El proyecto, resumido en dos grandes líneas, pretende convertir a Venezuela en un Estado socialista, con el fin de repartir la pobreza y ahogar toda iniciativa privada, bien sea del exterior como del interior, y permitir a Cháver gobernar sin límite y, lo que es más importante, sin ningún tipo de control por parte de los tradicionales tres poderes de las democracias de todo el mundo. Si el proyecto es aprobado, lo que convertiría a Venezuela de facto casi en una dictadura comunista, nos veremos ante la consumación del delirio chavista, el país se convertiría en una suerte de cuartel y la sociedad civil sería ahogada incluso en sangre. La represión de las protestas estudiantiles en los últimos días, con una brutalidad mostrada por los medios que sólo es comparable a la de Birmania, China o su adorada Cuba, es el anticipo de lo que está por venir: el final de la democracia multipartidista y los tiempos duros que anunciaban algunos desde la oposición democrática.Muchos venezolanos ya han preparado las maletas y se aprestar a abandonar el país ad portas de la hecatombe que está por venir. No es para menos, desde luego.
Arguye Chávez que tanto sus poderes como los la Asamblea que aprobó su reforma son democráticos y que provienen del pueblo, que libremente votó por las mismas. Todo ello es relativamente cierto, pero descansa sobre una falsedad fundamental: Chávez confunde los mecanismos de la democracia con sus contenidos. Nunca será una democracia un país donde el poder del presidente sobre los poderes legislativo, judicial y ejecutivo es absolutamente desesquilibrado y donde no existen mecanismos de control de ningún tipo. Luego un sistema democrático tradicional, tal como lo entienden todas las democracias del mundo, implica la existencia de una prensa libre, una oposición democrática que sea realmente una alternativa y que pueda ejercer libremente como tal y, por último, unos mecanismos electorales que permitan la plena e igualitaria participación de todos los actores políticos en igualdad de condiciones ante las urnas. Ninguna de estas tres condiciones se dan actualmente en la Venezuela chavista.
Lo triste del caso es que el personaje sigue teniendo su “caverna” en Europa. Los izquierdistas trasnochados, que nunca vivirían bajo la bota de la tiranía chavista o el “paraíso cubano”, ya que prefieren estar gozando de los privilegios y ventajas de la “podrida sociedad burquesa” en sus cómodas casas de Madrid y París, y los analistas de salón, tipo los articulistas a sueldo de Le Monde Diplomatique, siguen cantando las “grandezas” y los supuestos logros del régimen venezolano. Algún día, cuando el pueblo venezolano se eche a la calle y ponga fin a este disparate, quedarán absolutamente descalificados por una historia que no perdona ya más experimentos con el ser humano, que no tolera más disparates y ,sobre todo, tanto delirio totalitario. Seguramente algún día Chávez pasará y los venezolanos volverán a pasear por las alamedas por donde pasea el hombre libre, pero quedarán para siempre, para su escarnio y su vergüenza, las palabras de aquellos que abrazaron la causa de uno de los regímenes más infames de la historia de América Latina.
comnetar 3 Noviembre 2007



