El avispero afgano, por Ricardo Angoso

13 Septiembre 2007

AFGANISTÁN

Por Ricardo Angoso, 2007.

Los últimos atentados acaecidos en Afagnistán, con decenas de muertos y heridos, vuelven a mostrar a las claras la incapacidad de la Alianza Átlantica por controlar la situación y llevar el orden a este abatido país tras décadas de guerras, inútiles gobiernos y fallidas intervenciones extranjeras. Si bien es cierto que la misión afgana es bien distinta a la iraquí, y que cuenta con el apoyo y la legitimidad de la comunidad internacional, incluso con tropas de la OTAN, entre ellas españolas, tampoco este último aspecto ha conseguido que la población afgana haya recibido con agrado la presencia foránea. Y el tradicional rechazo a las intervenciones extranjeras también se ha hecho presente en esta ocasión, la violencia es uno de sus frutos.

Por ejemplo, en las provincias de Helmand y Kandahar los talibanes campan a sus anchas y ya condicionan la agenda de las fuerzas de la OTAN, a las que han puesto en aprietos en numerosas ocasiones. Todo ello por no hablar de la frontera entre Pakistán y Afganistán, por donde pasan armas, hombres para unirse a las filas de los talibanes, dinero para las guerrillas locales y drogas. También se rumorea que en ese agreste e indomable terreno podría esconderse el ex agente de la CIA Bin Laden, ahora fugitivo de la justicia norteamericana y principal responsable -pero no único- de los atentados del 11 de septiembre. 

Tampoco parece que la instalación del pronorteamericano Hamid Karzai al frente del maltrecho gobierno de Kabul haya hecho mucho por reconducir las cosas y llevar algo de normalidad a la maltrecha sociedad afgana. Los malévolos llaman a Karzai "el alcalde de Kabul", pues no parece que su poder e influencia vaya más allá de los arrabales de la maltratada y machacada capital afgana; son los talibanes y los señores de la guerra los que tienen la iniciativa en Afganistán y tan sólo la presencia de la OTAN mantiene con vida al inerte ejecutivo que preside  este ex emigrante convertido por Washginton en el máximo dirigente de un país ingobernable.

Aparte de los desafíos políticos que tiene el país sobre la mesa, los principales problemas que presenta Afganistán son el negocio del opio y la heroína, que está ligado a la acción armada de las guerrillas ya que las financia, la reconstrucción económica, con los indicadores de desarrollo humano más bajos del planeta, y la guerra, por supuesto. 

La experiencia de los últimos años, pero sobre todo de las intervenciones extranjeras en este país, pone en duda que la estrategia de la OTAN sea la más razonable para sacar a este país de la grave crisis que padece desde los años setenta, cuando grupos rivales izquierdistas y monárquicos se enzarzaron entre sí y dieron paso en la anarquía reinante a la desastrosa intervención soviética allá por el año 1979. Luego, una década después, las tropas soviéticas se retiraron ominosamente y derrotadas en una guerra imposible de ganar. Dos años después, los máximos líderes del gobierno títere que habían dejado, encabezados por Mohamed Nabjuláh, acabarían colgados en algunas de las escasas farolas que quedaban en pie en Kabul. Los británicos también fracasaron, un siglo y medio antes, en ocupar y someter el país. Los afganos son buenos guerreros, la geografía les apoya y cuentan con una gran experiencia en la guerra de guerrillas tras décadas luchando. ¿Será la OTAN capaz de tener éxito allí donde otros tuvieron que huir claramente derrotados?

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