Irak,una guerra imposible de ganar, por Ricardo Angoso
18 Agosto 2007
EL FINAL DE ESPEJISMO IRAQUÍ
RICARDO ANGOSO, 2007.
Se acabó el espejismo, volvió la violencia a las calles de Irak, los coches bombas y la rutina mortal que asola a esta país desde que el peor presidente de la historia de los Estados Unidos decidiera comenzar una aventura que tenía que terminar como está terminando: en una tragedia. En estos días, como si un coro perfectamente ensayado se tratase, los tertulianos conservadores, los analistas de salón de derechas, los medios de comunicación más reaccionarios de todo el planeta y los fracasados estrategas del Pentágono, junto con el corifeo de derechistas sin fronteras que secundaron la aventura militar contra el sátrapa de Irak, Sadam Husein, han tratado de convencernos de que la situación se estabilizaba, de que había menos víctimas, de que los Estados Unidos podían ganar la guerra y un sinfín de mentiras increíbles de creer, argumentos de endeble enjundia destinados a las mentes asilvestradas por el pensamiento único y la verdad oficial.
Pese a todo, como dice el refrán, se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Y la realidad, de nuevo, se impone sobre el terreno: más de 500 personas han sido asesinadas en una nueva oleada de atentados terroristas masivos en Irak. El terror ya no sólo está en Bagdad, como aseguraban algunos, sino que se extiende por todo el país como un cáncer sin que nada ni nadie pueda detenerlo, ni siquiera las todopoderosas fuerzas de los Estados Unido y su inútil coalición enviada a luchar en una guerra imposible de ganar. Desde hace más de dos siglos ningún ejército convencional ha sido capaz de ganar una guerra de guerrillas. Hay cientos de ejemplos que avalan dicha tesis: desde la guerra de la independencia de España, en las que las orgullosas tropas napoleónicas fueron derrotadas humillantemente por las guerrillas de los montes de los Arapiles, hasta la más reciente debacle de las tropas soviéticas en Afganistán, pasando por los fallidos intentos de conquista de Vietnam y Corea, por citar tan sólo algunos ejemplos. En Argelia, incluso, el ejército francés tuvo que “saborear” la amargura del fracaso.
La guerra de Irak está perdida de antemano. Los Estados Unidos han pedido la batalla ante los medios de comunicación occidentales, ante su propia opinión pública y ante un país, Irak, que los desprecia profundamente. No respetaron su herencia cultural, no entendieron sus costumbres y, si todo ello fuera de por sí poco, cometieron numerosos errores, incluyendo aquí la tortura, los métodos más sucios y deplorables y el saqueo de lo que era un patrimonio milenario. Los errores más graves perpetrados por los norteamericanos consistieron en disolver el ejército y la administración iraquí, los dos pilares de uno de los países más complejos de gobernar de Oriente Medio.
Los británicos ya han anunciado que se irán pronto, preludio de la continuación del Apocalipsis total iraquí y del agravamiento seguro de las tensiones. Es cierto que no hay unas recetas mágicas para salir del atolladero, pero la actual administración norteamericana debería rectificar toda su política exterior con respecto a Oriente Medio, y buscar nuevas iniciativas tendentes a relajar las tensiones, solucionar los problemas y buscar un nuevo marco para la resolución política de los conflictos.
Quizá, sin que la solución sea la ideal, lo primero que tendría que hacer el segundo y peor Bush es reactivar el papel de las Naciones Unidas en la zona en coordinación con todos los actores implicados en la crisis, incluido Irán, pese a las advertencias de los neoconservadores para que no lo haga y siga ahondando en sus propios errores. Esta gente parece empeñarse eternamente en el suicidio colectivo. Luego tendrá que empeñarse a fondo en la reconstrucción de la confianza en Irak, intentando que los sunitas vuelvas a las instituciones y al maltrecho ejecutivo de Bagdad. Recomponer el “juego” político iraquí, implicando a todos los actores, es vital para garantizar la estabilidad y la seguridad en este país. Una reconfigurado el mapa político, llegado el caso, convendría repensar el futuro estatuto político de este país, quizá abandonando para siempre las consabidas fórmulas unitarias y apostando por un marco federal y descentralizado, algo así como una Bosnia para Oriente Medio, salvando las distancias. Y, finalmente, fijar de una vez por todas un calendario para la retirada de unas tropas que nunca tenía haber arribado a una de las guerras más inútiles de la historia de la humanidad. Tras el espejismo iraquí que algunos pretenden exhibir con orgullo, como se ve, sólo hay el estruendo de los coches bomba y el crujir de las ametralladoras, es decir, la cruda realidad cotidiana de Irak.
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