Archivo de 14 Agosto 2007

El mito de Palestina, en un artículo de Ricardo Angoso

EL MITO DE PALESTINAGo to fullsize image
POR RICARDO ANGOSO, 2007.
Cuando en 1948 nació el Estado de Israel, hace casi sesenta años, las tierras de lo que algunos sesudos analistas denominan ahora “Palestina” eran un desierto inhóspito, casi despoblado y donde habitaban árabes y judíos, incluso conviviendo juntos y en paz desde hacía décadas. Luego, cuando los países árabes atacaron a Israel por no aceptar el plan de partición impulsado por las Naciones Unidas, que preveía dos Estados en el territorio que hoy ocupa lo que los árabes siguen llamando la “entidad sionista”, los antiguos pobladores de los reinos de Samaria y Judea abandonaron para siempre su tierra ancestral. Nunca más volverían, fueron engañados vilmente por unos dirigentes árabes henchidos de viejas glorias al estilo de las hazañas de Saladino y un burdo nacionalismo casi rayano al nacionalsocialismo hitleriano.

Luego está el asunto de la tierra, que para muchos sólo estaba poblada por los árabes. Otra absoluta falsedad. Las poblaciones judías están radicadas en la tierra palestina desde la segunda mitad del siglo XIX e incluso antes; incluso existe documentación escrita que prueba las protestas árabes por la compra de tierras por parte de los judíos durante la dominación otomana. Palestina existe porque existe Israel, de lo contrario habría sido un territorio bajo control sirio o jordano, es decir, una mera provincia integrada en uno de esos dos Estados. De hecho, la actual Cisjordania ya fue Jordania hasta el año 1967, en que durante la guerra de los Seis Días Israel se apoderó del territorio jordano y derrotó a toda una gran coalición de países árabes. No pudieron y de nuevo lo intentaron en 1973. Y de nuevo no lo lograron, como siempre que han pretendido arrojar a los judíos al mar y destruir la pérfida “entidad sionista”. Su inutilidad, vistos sus resultados, es congénita.

Más tarde, Arafat, fracasado en sus planes genocidas y tras haber apoyado la causa iraquí en la invasión de Kuwait, allá por la primera Guerra del Golfo, en 1991, fue rehabilitado por las potencias occidentales, deseosas de solucionar para siempre los embrollos de Oriente Medio, y de nuevo volvió a salir a la luz el abandonado mito de la inexistente “Palestina”. Los israelíes le cedieron territorios, les dotaron de autonomía y fondos presupuestarios –procedentes de los Estados Unidos y la UE- e incluso reconocieron al Arafat terrorista como un estadista respetable. Qué despropósito. Y de aquellos barros vienen estos lodos que hoy nos embadurnan a todos y llenan de terror y cadáveres las calles de Gaza. También de Israel.

Pero las decepciones no tardaron en llegar: en el año 2000, cuando Israel está dispuesta a ceder en casi el 97% de las aspiraciones de los palestinos, Arafat,  que se encontraba reunido con Bill Clinton y Ehud Barak en Camp David, rechaza cualquier posibilidad de un acuerdo de paz con los que él considera sus sempiternos enemigos y vuelve a las andadas, es decir, al terrorismo como instrumento de acción política. Los países europeos y los norteamericanos comprobaron entonces que el liderazgo palestino no era de fiar y Egipto y Jordania, cansadas del viaje hacia el terror de Arafat, intensificaron sus relaciones con Israel sin importarles las inútiles bravatas de quien había hecho de la causa palestina el principal sustento (económico) de una casta política y familiar a la que no le importaba para nada la miseria, el hambre, el abandono y la rabia de su pueblo. Incluso su mujer, Suha Arafat, llegó a gastarse más de 100.000 dólares en una sola tarde en las tiendas parisinas más lujosas, mientras miles de palestinos se morían literalmente de hambre; también se ha hablado de la cuantiosa fortuna de Arafat, que podía alcanzar los 900 millones de euros y que estaría bloqueada en los bancos suizos, dinero procedente de los sufridos contribuyentes europeos y que sirvió durante años para financiar las acciones terroristas contra Israel. Como todo el mundo sabe, las más nobles causas suelen estar repletas de sinvergüenzas sin restricciones morales.

Luego Arafat murió, en el año 2005, y desde ese año las cosas no han hecho más que empeorar. La respuesta a la cleptomanía crónica de la camarilla que dirigía los destinos de la autonomía palestina fue el movimiento fundamentalista Hamas, supuesto valedor de los principios morales y éticos de un pueblo que peores dirigentes no podía haber tenido. Digo supuesto porque si apoyar las acciones terroristas contra civiles indefensos, incluyendo aquí a mujeres, niños y enfermos (¡sí, enfermos!: el último atentado de Hamas iba dirigido contra un hospital) es legítimo en el mundo palestino es para echarse llorar, para abandonar toda esperanza y claudicar. Ahora, nuevamente, se vuelve a hablar del mito de “Palestina”, de un supuesto Estado que englobe algunos de los antiguos territorios jordanos y nada más, pues Gaza ya ha escapado no al control de la Autoridad Nacional Palestina sino que su reino ya no es de este mundo y habrá que esperar que algún día regresen a las sendas de la racionalidad política. El destino de Gaza es inescrutable, pertenece más a la metafísica desentrañar sus misterios que a la ciencia política. Que Alá coja confesados a los habitantes de este reino que compatibiliza la miseria generalizada con el jomeinismo más reaccionario.

Así las cosas, y llegados a este punto y con semejante compañía, no es de extrañar que el agónico Sharon apostara en su momento por la desconexión de Gaza, más allá de terceras vías y apuestas inútiles por una paz que nunca llega porque casi nadie en el mundo árabe la desea; en la retórica antisionista muchos han encontrado su fuente de legitimidad, como es el caso de Siria, y otros, como los líderes palestinos, un permanente mana para hacer sus negocio.  Y luego esta guerra interminable que viene a ser algo así como un viaje hacia ninguna parte, pues en la muerte gratuita y en la banalidad de un mal injustificable no se encuentra más que la coartada política para justificar tanto fracaso ante su pueblo. Nunca tan pocos, los dirigentes de Al Fatal y Hamas, habían sacado tanto de la miseria de tantos y de un mito inalcanzable llamado “Palestina”.

comnetar 14 Agosto 2007


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