El cementerio judÃo de Varsovia, Patrimonio Cultural Europeo
7 Agosto 2007
RICARDO ANGOSO, 2006.
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El cementerio judío de Varsovia, llamado también de Odrowaza por la calle en la que se ubicaba, es uno de los monumentos más importantes del arte judío europeo y una de las pocas muestras que quedan en Polonia de la rica presencia hebrea. Polonia fue, sin duda, el principal centro judío de Europa central y del Este, donde vivieron algo más de tres millones de hebreos organizados en cientos de comunidades con sus cementerios, sinagogas, escuelas talmúdicas, restaurantes, teatros, liceos, colegios y un sinfín de instituciones culturales y sociales. Lamentablemente, al igual que ocurrió en otras partes de Europa, el Holocausto “barrió” para siempre la vida judía de Polonia, donde ya apenas quedan judíos e instituciones hebreas. Se calcula que más de tres millones de judíos polacos, muchas veces con la complacencia y casi siempre el silencio de sus vecinos, fueron enviados a los campos de concentración nazis. Hoy apenas hay algo menos de cinco mil judíos en toda Polonia.
Fue creado este cementerio en la villa de Targowék, en los alrededores de Varsovia, en agosto de 1780, por el comerciante judío Szmul Zbytkower, aunque seguramente los primeros entierros en este lugar se produjeron en los años cincuenta y sesenta de esa misma centuria. El cementerio inicialmente comprendía 18,5 hectáreas y servía como recinto sagrado para las comunidades judías de Praska y Varsovia, donde también había otro cementerio, el de Okopowa, que servía para enterrar a los judíos más pobres de la comunidad de la capital polaca.
Los fundadores de este cementerio, como Szmul Jakubowicz Zbytkower y Abraham Stern, miembro prominente de la Sociedad de Amigos de la Ciencias de Polonia, serían enterrados en el mismo junto a otras figuras destacadas de la vida judía, como el poeta Antoni Stonimski, en el siglo XIX, la época dorada de la vida judía centroeuropea tanto en la capital polaca como en otros lugares, tal como relataría Stefan Zweig en La vida de ayer. Luego llegó el súbito desvanecimiento, como todos conocemos, por las causas también conocidas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, nada más producirse la ocupación alemana de Polonia, los nazis destruyeron una buena parte del recinto, usando un número indeterminado de las tumbas en la construcción de carreteras, e imposibilitando el acceso al recinto de la comunidad. Luego el cementerio, tras el dramático final de la comunidad polaca, enviada a los campos de la muerte, quedo en el abandono. No hay tumbas a partir del año 1939, cuando comienzan las primeras medidas antihebreas y se crea el tristemente conocido Ghetto de Varsovia.
Muy cerca del cementerio se encontraba el Ghetto y en sus alrededores se desarrollaron los tristes sucesos del levantamiento de 1943, cuando los judíos, organizados en varias redes clandestinas, como la conocida Zegota, se alzaron en armas contra los nazis, con los resultados de sobra conocidos: los supervivientes y resistentes detenidos fueron ejecutados o enviados a los campos de concentración. Al menos, tuvieron la suerte de morir con dignidad y honor, ya que un año antes, en 1942, la población judía del Ghetto de Varsovia fue concentrada en la estación de Umschlagplatz y enviada a Treblinka, muy cerca de la capital polaca por tren, y otros campos de exterminio. Apenas hubo supervivientes para contar la tragedia tanta veces profetizada.
Pero no sólo se destruyeron las vidas humanas, sino que los nazis, empeñados en la “destrucción total” de la judería europea, también se esforzaron en la eliminación física de todo vestigio o resto de la vida hebrea. En 1944, y una vez que el Ghetto había sido completamente “limpiado”, la maquinaría alemana alisó la zona y no dejó ni un solo edificio en pie. Ya se sabe, de aquello de lo que no queda ni un solo vestigio o fósil es tan sólo pasto de la manipulación, la mentira y la falsificación histórica; en el ideario nazi, pensaban, destruyendo todos los restos materiales se podía cambiar la historia y hacer desaparecer para siempre a aquellos que, en su nefando pensamiento, consideraban como “infrahumanos”.
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