El callejón sin salida de LÃbano analizado por Ricardo Angoso
2 Junio 2007
¿TIENE UNA SALIDA POLÍTICA LA CRISIS DEL LÍBANO?
RICARDO ANGOSO, 2007.
Desde hace unos meses la situación política de la que fuera antaño la “Suiza de Oriente Medio” es preocupante. A la difícil situación regional, con los ya casi interminables conflictos de Israel-Palestina e Irak sin resolver, se le viene a unir ahora el desafío del programa nuclear iraní, el agravamiento de la escalada bélica en Afganistán y la turbulencias que provoca la emergencia de un Estado kurdo en la mismísima frontera de la OTAN. Turquía. Los errores occidentales de percepción, junto con perniciosas influencias externas, han agravado dramáticamente este panorama inestable e inseguro.
El Líbano, que el pasado verano sufrió en sus carnes el largo y esperado conflicto entre Hizbula e Israel, no parece que vaya a quedar al margen este conjunto de “turbulencias” que azotan a Oriente Medio desde hace décadas, aunque alguno de los conflictos reseñados es más bien de orígenes recientes y debido, sobre todo, a la precipitación de los grandes poderes con respecto a la región. El pequeño país de los cedros, siempre en un difícil equilibrio y una frágil convivencia entre las distintas etnias y religiones, también se ha visto envuelto es esta inercia de inestabilidad y caos, preludio quizá de futuras y mayores tragedias.
Por una parte, hay una perniciosa influencia externa de Siria e Irán, que pretenden, a través de Hizbula, condicionar la política libanesa y consumar su proyecto totalitario y excluyente, donde no cabe la oposición democrática y la sociedad multiconfesional y tolerante. Hizbula, como partido antisistema que es, tan sólo pretende utilizar los mecanismos democráticos para subvertir las instituciones y sentar las bases para construir su proyecto dictatorial al estilo iraní. La revolución iraní, que construyó uno de los modelos más reaccionarios y contrario a la modernidad del mundo, es su fuente de inspiración, no lo olvidemos. El régimen teocrático iraní se construyó sobre bases sangrientas y siempre desdeñó las formas democráticas,
Y, en el otro extremo del arco político, se encuentra la oposición democrática, los partidos cristianos y la izquierda libanesa, víctimas en los últimos años de la ensangrentada mano que apunta a Damasco. Estas fuerzas, que tras el asesinato de el ex primer ministro Hariri se agrupó para ir juntas a las elecciones y exigir la salida de las tropas sirias, son las que representan el proyecto nacional libanés democrático y plurireligioso, aunque mantengan notables diferencias entre unos actores y otros. Los personalismos también tienen una gran responsabilidad en el drama libanés.
Ambas fuerzas, como era de prever, han entrado en colisión en numerosas ocasiones y tan sólo la intervención israelí pareció llevarles a una convergencia de objetivos a corto plazo. Después, en un escenario previsto de antemano, llegaron los primeros encontronazos y la actual calma chicha, turbada de vez en cuando por los asesinatos de líderes políticos críticos con Siria y algunos cristianos. Actualmente, y con la tensión en aumento tras los choques entre el ejecutivo de Beirut y los radicales islamistas, cualquier chispa puede generar nuevos episodios de violencia.
La gran cuestión que gravita sobre todo el escenario de crisis que se vive en el Líbano es si el actual marco institucional, cada vez más ineficaz a la hora de solucionar los contenciosos internos, será capaz de encauzar por la vía política los contenciosos y conflictos que padece este país desde la guerra civil que se inició en el 1975. Es decir, si estos dos bandos en lucha, con sus subdivisiones y fracturas, serán capaces de dirimir en las urnas sus diferencias y aceptar democráticamente el resultado que estas arrojen. Luego si la sociedad libanesa será capaz de conjurar las perniciosas influencias externas y desarrollar su proyecto político sin interferencias, un gran desafío en las actuales circunstancias y en un momento adverso en Oriente Medio.
En definitiva, y para concluir, lo que está por ver es si la actual crisis en que está inmerso el país tiene una salida política negociada y consensuada o si ambos bandos, llevados por el actual escenario de inestabilidad que se abate por la región, sucumbirán a la tentación de las armas que ahogará la vía del diálogo y el acuerdo. Las próximas semanas, en este sentido, serán decisivas y cualquier provocación interna o externa podría provocar convulsiones inesperadas de inciertos resultados, tal como ocurrió en el pasado. Veremos qué pasa, la pregunta que encabeza este análisis sigue en el aire.
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