Las razones de la sinrazón palestina, por Ricardo Angoso
EXPLICANDO LAS CAUSAS DE LA ACTUAL CRISIS PALESTINA
POR RICARDO ANGOSO, 2007.
Tras años de haber educado a la juventud palestina en el discurso de la inmolación colectiva hasta la “victoria o la muerte” sobre el enemigo sionista y siendo responsables de la creación de uno de los mayores movimientos integristas de Oriente Medio, los dirigentes palestinos ahora están probando su propia medicina. La cultura de las armas, del sacrificio humano en aras de conseguir un objetivo imposible y de la violencia perpetua sin un planteamiento político de fondo, entre otras características, constituían la base doctrinaria de un movimiento que pretende ser hegemónico y que no puede actuar en un sistema democrático por su propia esencia y fundamento de ser un partido antisistema. No pretende gobernar y “jugar” con las reglas del sistema democrático, sino que Hamas pretende destruir el sistema y crear un régimen teocrático al estilo iraní. Incluso Siria les parece un régimen progresista y aberrante, un espejismo izquierdoso y laicista, ajeno a la realidad del mundo árabe y enemigo a batir en un futuro no lejano. Un “compañero de viaje”, nada más, siguiendo la terminología marxista.
Así las cosas, ahora Hamas ha mostrado sus verdaderos objetivos: el poder total y la eliminación (incluso física) de todos sus enemigos políticos. La influencia de la revolución iraní en el discurso y praxis de Hamas es total; una vez que han conseguido ascender al poder hay que desalojar de la escena a todos sus oponentes y construir un régimen de naturaleza irreversible, imposible de aceptar la alternancia democrática y el pluralismo político. En 1979, una revolución democrática y plural, liderada por una gran coalición de movimientos y partidos entre los que se encontraban los islamistas del exiliado ayatolah Jomeini, consiguió derribar la dictadura iraní y abrir un proceso constituyente. Más tarde, como todo el mundo sabe, los islamistas radicales se hicieron con el control político en Teherán y fueron eliminando (por no decir exterminando) a los comunistas, los socialistas, los liberales, los demócratas e incluso los islamistas moderados. En muy poco tiempo, la revolución dejó de ser plural, tolerante y democrática para convertirse en el régimen obsesivo y asfixiante que es hoy. Lo mismo pretende Hamas en Gaza y Cisjordania, intentan ser un partido único y la democracia es tan sólo una coartada para llegar al poder total; utilizan el sistema democrático para ganar las elecciones de una forma aplastante y después destruirlo, muy al estilo del gran modelo del partido antisistema de entreguerras, el NSDAP o más conocido como el Partido Nazi.
Un cuadro fatalista para una región en crisis
En este contexto, los dirigentes moderados palestinos, con Abu Mazen al frente, llevan una guerra que se revela como fundamental para el mundo palestino, pues están en juego muchas cosas. En primer lugar, todo lo avanzando hasta ahora en el proceso de paz, que no es poco y ha conseguido dotar a los palestinos de una amplia autonomía casi impensable hace dos décadas, y, en segundo lugar, pero no en orden de importancia, se está cuestionando un modelo político basado en la participación democrática, el laicismo y el pluralismo, algo impensable no ya en el mundo árabe sino en todo Oriente Medio. Si Hamas consigue sus objetivos, en esta estrategia de “todo o nada” y “cuanto peor, mejor”, será el final de la sociedad abierta palestina y de sus esperanzas de construir un marco democrático de convivencia. No habrá futuro, ni expectativas de progreso, sino el ostracismo de por décadas y el aislamiento internacional, no sólo ya de Occidente sino de un mundo árabe temeroso de que el modelo político de Hamas pueda ser “exportable”. Hasta Damasco, siempre tan hábil en este asunto de cambiar de aliados políticos, les daría la espalda. Para la diplomacia siria, los palestinos son tan sólo un actor manipulable que debe actuar en su propio beneficio político; la causa palestina, a estas alturas de la historia, no es un objetivo fundamental de su acción exterior. A Damasco el “asunto palestino”, por decirlo vulgarmente, le importa un bledo.
Luego está el contencioso con Israel, que algunos quieren ver como la centralidad de todos los problemas en Oriente Medio cuando no es más que uno de los muchos conflictos de la región, tal como estamos viendo en estos días de turbulencias en Gaza, el Líbano e Irak. Si Hamas se hace con el control total de la situación en el bando palestino, estaremos abocados a una guerra de baja intensidad por décadas y no habrá una resolución política a corto plazo; la estrategia de este movimiento no es política, sino que sustenta sus fuentes de legitimación en un antisionismo radical que no vislumbra ni el reconocimiento de Israel ni la negociación con la “entidad sionista”. Es decir, que volvemos a lógicas ya abandonadas en el pasado y que nos devuelven al año 1948, cuando todos los Estados árabes rechazaron el reconocimiento de Israel y eligieron la guerra contra los hebreos antes que la negociación. También rechazaron el proyecto de convivencia presentado por las Naciones Unidas, y así estamos, sumidos en la violencia, desde esa fecha. Que cada cual saque sus conclusiones sobre quién es el responsable moral y político del actual drama palestino.
Para resumir, y concluyendo este cuadro que tiene algo de fatalista, la victoria de Hamas sería un desastre para toda la región, incluyendo aquí a la sociedad palestina, que parece comulgar con los objetivos suicidas de los dirigentes integristas. Con Hamas no hay futuro, no hay posibilidad alguna de dialogar con quien hace del terrorismo su forma de vida y pretende una victoria total sobre sus enemigos o supuestos adversarios. No hay términos medios, sus planteamientos son jomeinistas y no olvidemos cuál era la “receta” que el difunto Jomeini daba a los disidentes políticos: la horca. La muerte, en el lenguaje de Hamas, ya se sabe que santifica. Esperemos que los peores pronósticos no se cumplan, que vuelva el sentido común y que la situación se reconduzca por la vía del diálogo. De lo contrario, el “verano caliente” que nos acecha en Oriente Medio no ha hecho más que comenzar y está vez será más sangriento, si cabe, que el pasado. Continuará.
comnetar 22 Mayo 2007



