La independencia de Kosovo es ilegÃtima y ajena al derecho internacional, señala Ricardo Angoso en la presentación de su libro
Intervención de Ricardo Angoso en el Congreso de los Diputados el 20 de marzo de 2007, con motivo de la presentación del libro KOSOVO. LA HERIDA ABIERTA DE LOS BALCANES.
1.El libro trata de contar lo que sucede en esta región de Europa, lo que he visto en esta zona después de una serie de viajes, entrevistas y reuniones con los principales actores implicados en el problema; y lo que he visto, pues sinceramente, no me agrada, ya que constato que la intervención se forzó para crear un Kosovo democrático, multiénico y plural. Hoy no es nada de eso; todo lo contrario: unos 3.000 serbios, croatas y gitanos, por cierto una de las comunidades que más ha sufrido la violencia, han sido asesinados, y otros 300.000 han sido expulsados. Ha sido una limpieza étnica silenciosa y cobarde, callada por nuestros medios pero no por ello menos cruel que otras. Y este libro trata de contar este genocidio, pues no merece otro nombre.
2.Luego, creo, hay un asunto esencial: nuestro orden internacional, que hasta ahora ha dado sus resultados, no los deseados muchos veces, salta en pedazos con el último plan presentado por el mediador finlandés Athissari, en tanto y cuanto cuestiona lo Estados, pone en entredicho las fronteras de Europa que eran doctrina CSCE y OSCE en los años 70 y 90, respectivamente, y abren la vía para la temida balcanización de esta región de Europa siempre sometida a los caprichos de las grandes potencias. Yo creo que la resolución 1244 de las Naciones Unidas debe seguir siendo la base para la resolución de este embrollo, es decir, si los serbios se retiraron de esta región fue porque se aceptaba su soberanía e integridad territorial, aprovecharse de esta situación para crear un nuevo Estado es inmoral, ilegítimo y va en contra del orden internacional. Tras Kosovo, si se independiza, todo vale, incluso la secesión violenta y el terrorismo para conseguir cualquier objetivo.
3. Hay otra cuestión de orden interna para este asunto yugoslavo, a los que son amigos de las cuestiones jurídicas, la Constitución de Yugoslavia de 1974 deja bien claras las cosas: la autodeterminación se acepta para las seis repúblicas yugoslavas que estaban dentro de la Federación, es decir, Serbia, Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y Macedonia, no para las regiones que incluían a Serbia, como es el caso de Voivodina y Kosovo. No se preveía la autodeterminación de las regiones, sí de las repúblicas, pero si abrimos el proceso para la autodeterminación de las regiones, creo que será imposible evitar la desintegración de al menos tres Estados: Montenegro, Bosnia y Herzegovina y Macedonia. Si se hace, habrá más conflictos.
4. Y hay una cuestión moral porque la me opongo radicalmente a la independencia de Kosovo: sería fomentar y apoyar un proceso creado sobre bases violentas y no democráticas. El territorio ha sido limpiado en estos siete años que han pasado desde la intervención de la OTAN y el censo no se corresponde con el que había en 1999. Exijo, como la parte serbia, que los expulsados, refugiados y demás poblaciones violentadas, que han perdido casi todo, regresen y que se abra un proceso democrático, no de intimidación violenta que trata de imponer una solución sólo aceptable por una de las partes.
5. Luego hay una cuestión política que no se debe obviar: basta ya de golpear a Serbia, de humillarla eternamente, de considerarla la culpable de todos los conflictos. Pido Justicia con mayúsculas para Serbia. Pido una Serbia democrática, respetuosa con los derechos humanos e integrada en Europa. Imponerla una nueva derrota absolutamente ilegítima, ajena al Derecho Internacional y tan sólo vinculada a los intereses de unas potencias que desean una nueva balcanización no es la mejor dirección para lograr unos Balcanes libres y democráticos. Si seguimos golpeando ad eternum a Serbia, les aseguro que estamos sembrado el camino para la radicalización, el auge del extremismo y la violencia interétnica. Una paz justa para el Kosovo es lo que pido, una integración democrática de Serbia es compatible con ese objetivo.
6. Este libro es un alegato contra la guerra. Cuando se suceden los acontecimientos violentos y sangrientos de Irak, Afganistán y los siempre silenciados de Kosovo, creo que los occidentales, desde la humildad y la reflexión, tenemos que plantearnos seriamente nuestro papel en el mundo y las intervenciones militares que llevamos a cabo. En Occidente, nos pensamos que nuestros valores son extrapolables automáticamente a todos los países del mundo y a todas las regiones. No es así, y a los resultados me remito; nuestras supuestas intervenciones legítimas están plagadas de fracasos, trampas sangrientas y desoladores escenarios: Kosovo es uno más, un estrepitoso naufragio de nuestras mal llamadas intervenciones humanitarias. Hace falta un debate sobre este asunto, una nueva lectura que sea respetuosa con los valores de los pueblos, los derechos humanos y con los intereses reales de las naciones. Occidente debe romper con esa creencia de la superioridad de nuestros valores, renunciar a su neoimperialismo y reconsiderar la necesaria imposición por la fuerza de los mismos.
comnetar 19 Marzo 2007



