Las lecciones de Gaza, por Ricardo Angoso
Los dramáticos acontecimientos que se suceden en Gaza vuelven a mostrar a las claras la complejidad del conflicto palestino-israelí, y lo difícil que resulta establecer una interlocución viable y sólida con los palestinos tras la desaparición del indiscutido Arafat, que pese a su miserias morales y políticas gozaba de una legitimidad de la que hoy carecen todos los líderes de este pueblo cansado de esperar en la cola de la historia.
Sin embargo, al margen de estas consideraciones, los luctuosos y trágicos enfrentamientos de Gaza, ya con decenas de víctimas, muchas incluso niños, arrojan una serie de lecciones de las que resulta muy difícil sustraerse, porque explicitan numerosas luces y claves de los verdaderos dilemas que tiene ante sí el pueblo palestino.
Estas son, a mi entender, las lecciones de Gaza: 1) El liderazgo palestino actual no es creíble, no controla a sus hombres y no es serio a la hora de llegar a acuerdos, pues a renglón seguido los incumple y vuelve a utilizar las armas como único argumento para legitimarse y actuar en política; 2) los actuales movimientos palestinos son incapaces de autogobernar a su pueblo y dirigir sus asuntos de una forma eficiente, responsable y moderna, sino más bien todo lo contrario: constituyen el mejor ejemplo de desgobierno, anarquía, nepotismo, corrupción y mal gobierno; 3) los islamistas palestinos de Hamas tan sólo utilizan la vía democrática para hacerse con el Gobierno, subvertir el sistema y, una vez dentro, destruirlo para utilizarlo en beneficio propio, y lo hacen así porque como el nazismo son un partido antisistema que contempla la democracia como un medio y no como un fin en sí mismo (además: no lo ocultan, que nadie se llame a engaños); 4) la inercia del pasado, es decir lógicas políticas y militares anteriores al año 1948 –año de la fundación del Estado hebreo-, sigue dominando la vida política palestina, y los dirigentes de este pueblo siguen anclados en un discurso anacrónico para el siglo XXI, residual, irrealista y ajeno a la realidad de lo que sucede no ya en Oriente Medio, sino en el mundo; 5) en lo único en que coinciden ambos grupos es en que el objetivo último de la lucha debe ser la destrucción del Estado de Israel –ellos la siguen llamando como en el año 1948, “la entidad sionista”- y “echar a los judíos al mar” (literalmente); 6) los líderes palestinos, desde Arafat hasta ahora, no han abandonado la idea de que la utilización de la violencia y los medios terroristas es la única vía para conseguir sus fines frente al Estado de Israel, desdeñando la negociación y toda posibilidad de una resolución política del conflicto; y 7) una vez tenidas en cuenta todas estas lecciones, que no son pocas y darían para un análisis más prolijo, habrá que buscar nuevas fórmulas políticas para solucionar este largo conflicto y encontrar propuestas alternativas a las utilizadas hasta ahora (a este respecto, hay que considerar como muy positivas las sugerentes ideas de “transferencia” del centrista Avigdor Lieberman y de “desconexión” del liberal Ariel Sharon, ya digo son sólo ideas a tener a cuenta).
Conclusión final: En las actuales circunstancias, y en vista de los tozudos hechos que se repiten desde hace semanas, será imposible llegar a un acuerdo con los actuales líderes palestinos y hacer frente a un proceso de diálogo con sus autodeclarados enemigos israelíes –Israel siempre aceptó la partición de Palestina, tal como dispusieron las Naciones Unidas en su momento-. Con quién hablar, de qué hablar y cómo, esas son las grandes cuestiones que tiene sobre la mesa ahora el ejecutivo hebreo de Jerusalén. Los palestinos están sufriendo en sus propias carnes la medicina que ellos mismos proclamaban para resolver el conflicto con Israel: la vía armada. ¿Cómo desarmar a esta sociedad creada, engañada y educada en el culto a la violencia y a la muerte generación tras generación? ¿Quién pondrá fin a esta interminable pesadilla?
comnetar 3 Febrero 2007



