Archivo de 15 Enero 2007

Vivir bajo el terror de los misiles en Israel, por Miguel Angel Benedicto

La vida bajo la amenaza de los cohetes kassam

Miguel Ángel Benedicto (Sderot))

El jardín de una vivienda lleno de escombros, los cristales rotos del coche o el niño que llora abrazado en los brazos de su madre son el resultado palpable de la caída de un cohete kassam de fabricación casera en Sderot, población israelí de 24.000 habitantes en la frontera con los territorios palestinos, que durante los últimos meses padece la lluvia de estos misiles.

“Vivir aquí se ha convertido en una tortura china en los últimos meses”, se queja Eddie Azvran, oficial paracaidista en la reserva de 39 años, que vive con su familia en Sderot, al sur de Israel.

Desde la franja de Gaza, situada a menos de un kilómetro de distancia, se disparan varios misiles a diario que suelen impactar en las viviendas o negocios de los habitantes de Sderot. Sin embargo, la situación no es nueva. “Llevamos padeciéndolos desde hace seis años durante los que hemos recibido más de 2.000 cohetes sobre nuestra población. Más de la mitad desde la retirada de Gaza del Ejército israelí en agosto de 2005”, explica Avri Sulemaini, director del centro comunitario de la ciudad. Los cohetes caseros son fabricados en la vecina franja de Gaza y lanzados, en su mayoría, por los extremistas de Hamas y la Yihad, e incluso por grupos disidentes de Fatah.

Dos muertos en noviembre

Desde el año 2000, ocho personas han muerto a causa de estos proyectiles, dos de ellas el pasado mes de noviembre, días antes de que se firmara la tregua entre israelíes y palestinos. “Uno de los peores momentos lo vivimos en esta calle fue en  octubre de 2004 cuando dos kassam estallaron y mataron a dos hermanos de una familia de judíos etíopes durante la fiesta del Sukkot”, comenta Azvran. “Llegué al lugar y encontré a la niña muerta. Su hermano, de dos años, había perdido el conocimiento y las piernas. Le hice un torniquete para evitar que se desangrara antes de que llegara la UVI móvil pero fue inútil, murió al llegar al hospital”, añade.

El alto el fuego del pasado 26 de noviembre no parece haber servido de mucho pues los kassam siguen cayendo en las calles, más de 70 según un portavoz militar. La mayor parte de los cohetes se lanzan desde la población árabe de Beit Hanoun, donde a principios de noviembre el Ejército israelí mató a 19 personas -la gran mayoría niños y mujeres de una misma familia- mediante el fuego de obuses cuando dormían en sus casas .

“Tras la invasión de Beit Hanoun por los tanques israelíes -señala el paracaidista- hemos pasado de 300 kassam al mes (una media de 10 al día) a 25 en dos semanas”. “No hay forma de parar el terrorismo sin una invasión masiva que afecte a la población civil pero Israel no lo ha hecho hasta ahora. En cuanto a la demolición de las casas de los terroristas palestinos no me gusta, pero no hay demasiados medios para defendernos”, subraya Azvran.

Los niños sufren estrés post-traumático

Al día siguiente de la caída de los cohetes, varios miembros del gobierno examinan los daños causados con el fin de resarcir económicamente a los propietarios. Sin embargo, quién resarce el dolor del niño abrazado a su madre, que probablemente sufrirá un desorden por estrés post-traumático, una enfermedad común en la mayor parte de los niños, adolescentes y profesores de la población. “ Es la realidad que conocen los niños  que sufren desmayos en cadena, se hacen pis al oir un misil o no quieren dormir solos”, describe Sulemaini.

La mayoría de las escuelas de la zona, como la que visitamos, cuentan con protección frente a los cohetes, y sólo 56 de las 151 permanecen desprotegidas. Durante la visita a una escuela primaria, donde sólo el 50% de estudiantes y profesores acuden a clase por miedo a los cohetes, se puede observar el techo de cementó especial para resistir misiles construido por el Ministerio de Defensa. En el patio de recreo hay unos tubos en los que se refugian los niños cuando se oyen las alarmas.

Sderot es una ciudad de clase media-baja que recibió en los años 90 una fuerte inmigración de judíos procedentes del sur de Rusia. Aun así, su población ha descendido en unos 5.000 habitantes en los últimos 6 años y el paro es del 10% según cifras oficiales y del 30%, según otras fuentes. “En estos momentos nadie quiere comprar una casa aquí pues la vida diaria es como una pesadilla. La gente con dinero se va y las ayudas estatales no son muy altas aunque el impuesto sobre la renta y los municipales sean más bajos”, comenta el director del Centro Comunitario de la localidad.

La solución no es militar

“La resolución del problema- dice el paracaidista- no pasa por una fuerza militar masiva en Gaza, pues solo los palestinos pueden detener el terrorismo”. “Es necesario que el mundo presione y que la Autoridad Nacional Palestina tenga un liderazgo homogéneo que controle la calle ya que en estos momentos el que tiene el arma es el dueño de la misma”, añade.

Además, muestran su descontento con el grupo terrorista Hamas. “ No se puede permitir que el primer ministro Ismail Haniya entre desde Egipto con 30 millones de dólares. Ese dinero debería ir directamente a escuelas, Ongs y trabajadores sociales y no en metálico a Hamas”, se queja Azvran.

En la comisaria de policía de Sderot se recogen y clasifican los cohetes caídos. Enroscados y chamuscados permanecen en silencio al igual que los habitantes de Sderot. “Queremos que la gente pueda vivir en paz en las dos partes”, pide Azvran. Una paz que merecen israelíes y palestinos.

 

Al día siguiente de la caída de los cohetes, varios miembros del gobierno examinan los daños causados con el fin de resarcir económicamente a los propietarios. Sin embargo, quién resarce el dolor del niño abrazado a su madre, que probablemente sufrirá un desorden por estrés post-traumático, una enfermedad común en la mayor parte de los niños, adolescentes y profesores de la población. “ Es la realidad que conocen los niños  que sufren desmayos en cadena, se hacen pis al oir un misil o no quieren dormir solos”, describe Sulemaini.

La mayoría de las escuelas de la zona, como la que visitamos, cuentan con protección frente a los cohetes, y sólo 56 de las 151 permanecen desprotegidas. Durante la visita a una escuela primaria, donde sólo el 50% de estudiantes y profesores acuden a clase por miedo a los cohetes, se puede observar el techo de cementó especial para resistir misiles construido por el Ministerio de Defensa. En el patio de recreo hay unos tubos en los que se refugian los niños cuando se oyen las alarmas.

Sderot es una ciudad de clase media-baja que recibió en los años 90 una fuerte inmigración de judíos procedentes del sur de Rusia. Aun así, su población ha descendido en unos 5.000 habitantes en los últimos 6 años y el paro es del 10% según cifras oficiales y del 30%, según otras fuentes. “En estos momentos nadie quiere comprar una casa aquí pues la vida diaria es como una pesadilla. La gente con dinero se va y las ayudas estatales no son muy altas aunque el impuesto sobre la renta y los municipales sean más bajos”, comenta el director del Centro Comunitario de la localidad.

La solución no es militar

“La resolución del problema- dice el paracaidista- no pasa por una fuerza militar masiva en Gaza, pues solo los palestinos pueden detener el terrorismo”. “Es necesario que el mundo presione y que la Autoridad Nacional Palestina tenga un liderazgo homogéneo que controle la calle ya que en estos momentos el que tiene el arma es el dueño de la misma”, añade.

Además, muestran su descontento con el grupo terrorista Hamas. “ No se puede permitir que el primer ministro Ismail Haniya entre desde Egipto con 30 millones de dólares. Ese dinero debería ir directamente a escuelas, Ongs y trabajadores sociales y no en metálico a Hamas”, se queja Azvran.

En la comisaria de policía de Sderot se recogen y clasifican los cohetes caídos. Enroscados y chamuscados permanecen en silencio al igual que los habitantes de Sderot. “Queremos que la gente pueda vivir en paz en las dos partes”, pide Azvran. Una paz que merecen israelíes y palestinos.

comnetar 15 Enero 2007


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