¿Franco o Castro?

Por Ricardo Angoso, 30 Noviembre 2016 15:09

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¿Franco o Castro?

por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

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En el año 1975 murió en la cama Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español desde el año 1936, y uno de los líderes occidentales más longevos y admirados en la escena internacional. España era entonces la undécima potencia del mundo en términos económicos, el país era un estrecho aliado de los Estados Unidos y Europa en la escena internacional y uno de las naciones más estables y seguras del mundo. Un país que daba envidia a sus amigos y  a las naciones azotadas por la guerra y la violencia. Había un seguro social para los trabajadores, se entregaron miles de viviendas gratis (sí gratis) a millones de personas durante años, la educación pública era totalmente gratuita, las carreteras atravesaban el país y el desempleo era inexistente.

Teníamos también en España el mejor servicio de correos del mundo, los ferrocarriles funcionaban y salían a la hora en punto, la policía era impecable y nuestros hospitales atendían a todos los enfermos sin distinción de clase o género. ¿Alguien da más? Era una dictadura, a veces terrible y a veces no, pero el país funcionaba hasta el punto que miles de socialistas y comunistas, tan radicalmente contrarios al régimen, cursaron sus estudios en la universidades franquistas. Nadie les exigió nada a cambio ni les impidió estudiar. Nada, por muchas mentiras que dijeron y siguen diciendo.

Cuarenta y un años después de aquella defunción en Madrid, ha muerto el dictador Fidel Castro, máximo líder de la revolución cubana y líder casi vitalicio de Cuba desde el año 1959. Castro deja una herencia nefasta en todos los terrenos. El país es uno de los más atrasados del mundo, millones de cubanos han tenido que abandonar esa gran isla-prisión en busca de mejores expectativas y los presos políticos, por citar solo algunos aspectos nefastos, se contaron por miles en estas décadas. Sus supuestos éxitos en salud y educación, que repiten hasta la saciedad todos los progres del continente y los papanatas de izquierda de los Estados Unidos y Europa, quedan en entredicho si se comparan con los de los países socialdemócratas del mundo, como Finlandia, Noruega o Suecia, por poner tan solo algunos ejemplos.

Al contrario que en España,  en la Cuba que deja Castro no funciona nada o casi nada. Las viviendas, junto con todo el patrimonio, se caen por el abandono y la dejadez de años y años. Los cortes de luz son habituales, escasea casi todo y los cubanos han sido condenados a un régimen de apartheid en su propio país, no pudiendo disfrutar de casi nada de lo que gozan los visitantes extranjeros a precios de oro. No hay preservativos, ni ropa que comprar, ni gasolina. Y lo que se encuentra, que es bien poco, hay que pagarlo en dólares y vender tu alma al Diablo para conseguirlo. Castro convirtió a su isla en un gran burdel donde la gente se vende al mejor postor para comprar unas bragas o unos calzoncillos. Una vergüenza continental en pleno siglo XXI.

España se convirtió en una democracia, Cuba degeneró en una sátrapía

Franco, además, eligió como sucesor al Rey Juan Carlos I, verdadero motor de la Transición política en España y auténtico impulsor de un proceso de modernización social, política y económica sin precedentes en Occidente. La clase media que había generado el franquismo, con sus errores en algunas materias, como en el respeto a los derechos humanos, fue el verdadero motor de este cambio en España. Como fruto de esa dinámica social impulsada durante la dictadura, los dos primeros ministros de la democracia -Adolfo Suárez y Felipe González- eran de clase media y no de familias pudientes.  Ya quisieran en muchas partes de América Latina, donde gobierna la mediocridad clasista y una manga de ladrones sin pudor, haber tenido un Franco de turno que hubiera puesto orden en su desgobierno crónico.

Castro, al contrario que Franco, nunca impulsó un diálogo político ni abrió el camino para una Transición a la democracia, sino más bien lo contrario. Persiguió a los disidentes políticos, fusiló a los adversarios, mandó a los campos de concentración -llamadas Unidades Militares de Ayuda a la producción (UMAP)- a los homosexuales y destruyó la incipiente sociedad civil que asomaba la cabeza en los albores de esa gran catástrofe que fue la mal llamada revolución cubana. El país, de la noche a la mañana, volvió a la prehistoria. La Cuba de 1959 tenías unos indicadores de desarrollo social, cultural y económico mucho mejores que el resto de las naciones del continente. Castro destruyó su propio país, traicionó a su gente, que pensó que iba a traer la democracia, y envió a millones de cubanos a la terrible aventura de tener que embarcarse en cualquier objeto flotante con rumbo hacia la Florida. Todo cubano, fuera o no simpatizante de la tiranía castrista, soñaba con acabar sus días en el oprobioso infierno capitalista. No era para menos. Era una vez un país que creyó en Papá Noel, que era Castro, y Papá Noel se acabó convirtiendo en un ogro.

Me imagino que todos los progres, escribidores a sueldo de izquierda y demás papanatas de la progresía internacional, incluyendo a los Maduro, Correa, Santos, Ortega y Morales de turno, seguirán repitiendo las sandeces y panegíricos al uso para glorificar y alabar a Castro, pero el juicio de la historia no se podrá alterar. La historia no absolverá a Castro, sino que lo condenará eternamente. Millones de exiliados y perseguidos son el testimonio de la gran tragedia que ha vivido Cuba en estos largos años de satrapía. Nada ni nadie, pese a las estériles palabras que resuenan en La Habana, podrá cambiar esta triste realidad. Y, entonces, la pregunta que corona estas líneas apenas tiene ningún sentido. La respuesta es, evidentemente, obvia.

Nazismo en Austria, el odio desde los púlpitos

Por Ricardo Angoso, 30 Noviembre 2016 14:12

EL CASO DE AUSTRIA, ANTISEMITISMO DESDE LOS PÚLPITOS

Por Ricardo Angoso

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Resulta muy difícil explicar el nazismo y su rápida propagación, incluyendo aquí su vertiginoso ascenso político y su éxito electoral en la sociedad alemana, sin referirnos a la Iglesia, tanto por su actitud anterior como por su nula actividad durante el nazismo. Cuando nos referimos a la Iglesia más bien nos referimos a las iglesias, bien sean las distintas confesiones cristianas que hay en Alemania como la misma católica.

El escritor austriaco Joachim Riedl, en su obra Viena infame y genial, relataba cómo el ambiente contra los judíos se había caldeando antes de la llegada al poder del nazismo y en la Austria anterior al Anschluss o anexión llevada a cabo por los nazis. El discurso, según este  autor, había calado profundamente en una sociedad dominada por el antisemitismo.

La Iglesia católica, tanto en Austria como en Alemania, estuvo utilizando el lenguaje antisemita hasta el período de entreguerras y no hubo una condena oficial tajante de algunas actuaciones y discursos de sus sacerdotes. Por ejemplo, uno de estos prelados, el predicador Josef Deckert, popularmente conocido como el cura del mesón”, fue un paso más allá: “Hay que hacer a los judíos inofensivos para los pueblos cristianos”. Llevado por el mismo pensamiento, otro hombre “piadoso” del momento, el padre jesuita Heinrich Abel, tenía la “segura convicción de que la desgracia del pueblo austriaco consiste en su esclavización por los judíos y por el espíritu judío”. Dicho prelado, para dejar bien claras sus intenciones, aseguraba tener una reliquia muy valiosa: un bastón con el que su padre había apaleado a un judío en las calles de Viena.

Este antisemitismo tolerado e incluso jaleado por la sociedad del Imperio Austro-Húngaro, llevó al cardenal de Praga, Franz Graf Schöbon, a pedir al papa León XIII que suspendiera el apoyo vaticano a los grupos derechistas y socialcristianos de Austria y “su antisemitismo en su forma más repugnante”. El Santo Padre, que tenía sobre su escritorio un retrato del máximo líder antisemita del momento, Karl Lueger, quien aseguraba decir “que tenía en el Papa un cálido amigo, que le enviaba su bendición”. El populacho de Viena, siempre tan creyente y atento a los consejos de sus padres espirituales, había visto como su antisemitismo secular era bendecido y sancionado ex cátedra.

Este pensamiento, extendido también en la vecina Alemania, ilustra muy bien el ambiente en que se educó ese austriaco universal llamado Adolfo Hitler, y vería su materialización política en el Partido Socialcristiano de Austria, que llamaría a la población germanoaustriaca a “la más encarnizada defensa contra el peligro judío”. En este ambiente, alentado desde las más altas instituciones, encontró el nacionalsocialismo el caldo de cultivo para que sus ideas avanzasen y se consolidasen como discurso de Estado en un futuro no muy lejano.

Un año después de la derrota de las potencias centrales, en 1919, un padre jesuita, Peter Sinthern, amenazó “con un levantamiento popular de los pueblos martirizados contra el dominio judío, que se está haciendo insoportable”. En clara referencia a los judíos, el que fuera tras la Segunda Guerra Mundial primer presidente del Partido Popular Austriaco, Leopold Kunschak, pedía la expulsión de todos los refugiados de la ciudad, “única banda de acaparadores, contrabandistas y usureros”. El pueblo alemán, según este líder socialcristiano del periodo de entreguerras, se había convertido en “esclavo del Estado judío”.

“Al igual que en el caso de la socialdemocracia y el marxismo, Hitler se jactaba de haber recurrido a los libros para ilustrarse acerca de los judíos. En este caso concreto disponemos de claros testimonios de que aquellos “libros” eran unos panfletos antisemitas que compraba por unos cuantos peniques, o revistas como Ostara, que la editaba un monje que había colgado los hábitos y se hacía llamar Lanz von Liebenfels, y estaba dedicada bajo el emblema de la esvástica, “a la aplicación práctica de las investigaciones antropológicas con el propósito de preservar la raza europea de la destrucción material de la pureza racial”, escribe Alan Bullock en su fantástico estudio sobre la vida y obra del creador del nacionalsocialismo.

Hitler ,ya convertido a la religión del antisemitismo y el racismo, llegaría a firmar en aquellos días vieneses: “Comprendí que con el judío no había que transigir. Todo o nada. Decidí convertirme en político”. Más tarde, en las elecciones de 1932, este discurso funcionó en la depauperada sociedad alemana y Hitler obtuvo una primera gran victoria electoral, antesala de la dictadura que estaba por llegar y de la tragedia que se avecinaba para toda Europa. Los resultados de los comicios de 1933 reforzaron a los nazis y consolidaron el papel de Hitler al frente del movimiento. Luego el país entero, empresarios, sacerdotes y militares incluidos, se rindió a sus pies.

La entrada triunfal de Hilter en Viena: se cumple su misión

Unos años más tarde, y siguiendo con su tradición antisemita y pronazi, la Iglesia católica se puso a los pies del nuevo régimen hitleriano, tal como había hecho en Alemania y de alguna forma en la Italia fascista. La luterana, que como ya explicado antes comulgaba con el discurso antisemita de Hitler, ni siquiera protestó por las formas violentas, casi terroristas, del nuevo régimen. (El papel del Papa Pío XII en el conflicto daría, desde luego, para un ensayo más pormenorizado sobre las relaciones entre el nazismo y la Iglesia católica).

El 15 de marzo de 1938 entraba en Austria un triunfante Adolfo Hitler al frente de sus tropas y hordas, siendo recibido, en un ambiente eufórico y henchido de patriotismo, por el populacho vienés y por todos los lugares por donde pasaba. El cardenal de Viena, Theodor Innitzer, llevado por éxtasis que le produjo la triunfante entrada de los SS, con sus uniformes negros y sus escudos con la calavera, hizo repicar las campanas de todas las iglesias de la ciudad a modo de saludo al nuevo orden en él que ya no cabían ni los judíos ni lo demás “subhumanos”, se supone que “gracias a Dios”.

Un entusiasmo casi histérico se apoderó de toda Austria y en Viena, llevados por la emoción de la triunfante entrada de su Führer, miles de vieneses, con porras y palos, obligarían a los judíos a limpiar las calles de la ciudad en unas imágenes que todavía insultan a la humanidad y al alma austriaca.”Agradecemos al Führer que por fin haya dado trabajo a los judíos”, gritaba la chusma envalentonada que actuaba ayudada por la Gestapo y los camisas pardas. El 23 de marzo de 1938, el corresponsal del New York Times en Viena escribía: “En las primeras dos semanas, los nacionalsocialistas han conseguido aquí someter a los judíos a un trato de mayor dureza de lo que habría sido posible en Alemania en el curso de varios años”.

El 10 de abril de 1938, y una vez que ya se han desencadenado a las primeras redadas, persecuciones y asesinatos de judíos y disidentes, los nazis llevan a cabo un referéndum con la pretensión de legitimar su anexión. El resultado, como era de esperar, es rotundo, arrojando un 99,73% de votos a favor de las tesis nazis, un resultado “que, en lo esencial, no estuvo en absoluto falseado”, tal como aseguraba el historiador salzburgués Gerhard Botz. Los suicidios de los hebreos comenzaron en silencio y nadie se preocupó de su adversa suerte.

Una vez instalados en el poder, comenzó el latrocinio organizado de los bienes judíos, los saqueos de las viviendas, las ventas forzadas de negocios y propiedades a precios irrisorios a los nazis y también las huidas. Y los suicidios. Cada día se suicidaban en la nueva Viena más de diez judíos y la cifra fue aumentando hasta el medio centenar antes de la Segunda Guerra Mundial. Los artistas, escritores y propietarios judíos eran apaleados hasta la muerte por grupos de nazis organizados en comandos “móviles”. En apenas unas semanas, la vida judía se había apagado para siempre y la nueva Austria se rendía al nuevo orden ante el silencio generalizado de la sociedad y la complacencia de la Iglesia católica.

Un escritor austríaco de entonces, Carl Zuckmayer, escribiría en su diario, escrito en 1938, las siguientes reflexiones: “El submundo había abierto sus puertas, y dejado en libertad a sus espíritus más bajos, repugnantes e impuros (…) lemúres y semidemonios parecían salir de huevos de inmundicia y subir encenegados agujeros en la tierra. El aire estaba lleno de un incesante griterío chillón, confuso, histérico, que salía de gargantas masculinas y femeninas y seguía sonando estridente día y noche. Y todos los seres humanos perdieron su rostro, se asemejaron a deformes caricaturas: la una de miedo, la otra de mentira, la otras de triunfo salvaje y lleno de odio (…) Fue un aquellarre del populacho y el entierro de toda dignidad humana”. Más tarde, con destino a Suiza, Zuckmayer abandonaría su Austria natal, sumida ya en la catástrofe y al borde la tragedia sobre la que precipitaba sin tener siquiera conciencia de la misma.

La aparición de ese “submundo” al que se refería Zuckmayer está muy ligada a toda una cultura basada en la intolerancia, el odio al diferente y el antisemitismo. Al igual que en otras partes de Europa, en la Alemania prenazi estos sentimientos tenían una notable fuerza y estaban profundamente enraizados. Las medidas contra los judíos y los gitanos, junto contra otros elementos “diferentes”, datan de épocas anteriores y se hacen muy presentes hasta los siglos XVII, XVIII y XIX, de la misma forma que ocurría en otras latitudes y en este asunto los alemanes no eran tan diferentes a los polacos, los rusos y los mismos españoles, que ya habían comenzado las razzias antisemitas mucho antes de la aparición incluso del fenómeno nazi. Hay una suerte de corriente ideológica, con fuertes tintes religiosos, que proviene de la Edad Media y atraviesa el alma europea con nuevas aportaciones, hasta bien entrada la modernidad.

Este odio al diferente, tan extendido en Alemania y en otras partes del continente, pues no se trata aquí de estigmatizar a los alemanes, gozaba, además, del “manto protector” del Creador. Resultan curiosas las justificaciones de estas limpiezas étnicas en nombre de un supuesto mandato divino, tal como hizo Hitler en numerosas ocasiones, siguiendo los rastros de nuestros Reyes Católicos y otros prominentes antisemitas: “Si el judío llegase a conquistar las naciones del mundo, su triunfo sería entonces la corona fúnebre y la muerte de la humanidad. Nuestro Planeta volvería a rotar en el desierto, en el cosmos, como hace millones de años. Debemos defendernos de los judíos para hacer cumplir la voluntad de Dios”. Es decir, que el aniquilamiento y la extinción del judío quedaban legitimados en nombre de la supuesta suprema voluntad de Dios, y los nazis no hacían más que cumplir el mandato divino de un plan preconcebido para salvar al mundo de la “judería” europea.

En la muerte de un tirano

Por Ricardo Angoso, 26 Noviembre 2016 21:13

La Historia no lo absolverá

¿Cuál es el balance de su gestión? Desastroso. Prometió libertades a los cubanos, los traicionó y calcó el modelo soviético de gobierno.

Fidel Castro ha muerto. ¿Qué leyenda de 10 palabras hay que poner en su lápida? “Aquí yacen los restos de un infatigable revolucionario-internacionalista nacido en Cuba”. Me niego a repetir los detalles conocidos de su biografía. Pueden leerse en cualquier parte. Me parece más interesante responder cuatro preguntas clave.

¿Qué rasgos psicológicos dieron forma y sentido a su vida, motivando su conducta de conquistador revolucionario, cruce caribeño entre Napoleón y Lenin?

Era inteligente, pero más estratega que teórico. Más hombre de acción que de pensamiento. Quería acabar con el colonialismo y con las democracias, sustituyéndolas por dictaduras estalinistas. Fue perseverante. Voluntarioso. Audaz. Bien informado. Memorioso. Intolerante. Inflexible. Mesiánico. Paranoide. Violento. Manipulador. Competitivo al extremo de convertir el enfrentamiento con Estados Unidos en su leitmotiv. Narcisista, lo que incluye histrionismo, falta total de empatía, elementos paranoides, mendacidad, grandiosidad, locuacidad incontenible, incapacidad para admitir errores o aceptar frustraciones, junto a una necesidad patológica de ser admirado, temido o respetado, expresiones de la pleitesía transformadas en alimentos de los que se nutría su insaciable ego. Padecía, además, de una fatal y absoluta arrogancia. Lo sabía todo sobre todo. Prescribía y proscribía a su antojo. Impulsaba las más delirantes iniciativas, desde el desarrollo de vacas enanas caseras hasta la siembra abrumadora de moringa, un milagroso vegetal. Era un cubano extraordinariamente emprendedor. El único permitido en el país.

¿Cómo era el mundo en que se formó?

Revolución y violencia en estado puro. Fidel creció en un universo convulso, estremecido por el internacionalismo, que no tomaba en cuenta las instituciones ni la ley. Su infancia (n. 1926) tuvo como telón de fondo las bombas, la represión y la caída del dictador cubano Gerardo Machado (1933). Poco después le llegaron los ecos de la guerra civil española (1936-1939), episodio que sacudió a los cubanos, especialmente a alguien, como él, hijo de gallego. La adolescencia, internado en un colegio jesuita dirigido por curas españoles, fue paralela a la Segunda Guerra (1940-1945). El joven Fidel, buen atleta, buen estudiante, seguía ilusionado en un mapa europeo las victorias alemanas. El universitario (1945-1950) vivió y participó en las luchas a tiros de los pistoleros habaneros. Fue un gangstercillo. Hirió a tiros a compañeros de aula desprevenidos. Tal vez mató alguno. Participó en frustradas aventuras guerreras internacionalistas. Se enroló en una expedición (Cayo Confites, 1947) para derrocar al dominicano Trujillo. Era la época de la aventurera Legión del Caribe. Durante el Bogotazo (1948), en Colombia, trató de sublevar una comisaría de policía. Los cubanos no tenían conciencia de que el suyo era un país pequeño y subdesarrollado. Como Llave de las Indiasy plataforma de España en el Nuevo Mundo, los cubanos no conocían sus propios límites. Esa impronta resultaría imborrable el resto de su vida. Sería, para siempre, un impetuoso conspirador dispuesto a cambiar el mundo a tiros. No en balde, cuando llegó a la mayoría de edad se cambió su segundo nombre, Hipólito, por el de Alejandro.

¿En qué creía?

Fidel aseguró que se convirtió en marxista-leninista en la universidad. Probablemente. Es la edad y el sitio para esos ritos de paso. El marxismo-leninismo es un disparate perfecto para explicarlo todo. Es la pomada china de las ideologías. Fidel tomó un cursillo elemental. Le bastaba. Le impresionó mucho ¿Qué hacer?, el librito de Lenin. Incluso los escritos de Benito Mussolini y de José Antonio Primo de Rivera. No hay grandes contradicciones entre fascismo y comunismo. Por eso Stalin y Hitler, llegado el momento, cogiditos de mano, pactaron el desguace de Polonia. Los comunistas cubanos, como todos, eran antiyanquis y estaban convencidos de que los problemas del país derivaban del régimen de propiedad y de la explotación imperialista auxiliada por los lacayos locales. Fidel se lo creyó. Sus padrinos ideológicos fueron otros jóvenes comunistas: Flavio Bravo y Alfredo Guevara. Fidel no militó públicamente en el pequeño Partido Socialista Popular (comunista), pero su hermano Raúl, apéndice obediente, sí lo hizo. Allí se quedó en prenda hasta el ataque al cuartel Moncada (1953). Fidel se reservó para el Partido Ortodoxo, una formación socialdemócrata con opciones reales de llegar al poder que lo postuló para congresista. Batista dio un golpe (1952) y Fidel se reinventó para siempre, con barba y uniforme verde oliva encaramado en una montaña. Era su oportunidad. Había nacido el Comandante. El Máximo Líder. Sólo se quitó el disfraz cuando lo sustituyó por un extravagante mameluco deportivo marca Adidas.

¿Cuál es el balance de su gestión?

Desastroso. Prometió libertades a los cubanos, los traicionó y calcó el modelo soviético de gobierno. Acabó con uno de los países más prósperos de América Latina y diezmó y dispersó a la clase empresarial, pulverizando el aparato productivo. Tres generaciones de cubanos no han conocido otros gobernantes durante cincuenta y tantos años de partido único y terror. Extendió la educación pública y la salud, pero ese dato lo incrimina aún más. Confirma el fracaso de un sistema con mucha gente educada y saludable incapaz de producir, hambrienta y entristecida por no poder vivir siquiera como clase media, lo que los precipita a las balsas. Fusiló a miles de adversarios. Mantuvo en las cárceles a decenas de miles de presos políticos durante muchos años. Persiguió y acosó a los homosexuales, a los cultivadores del jazz o el rock, a los jóvenes de pelo largo, a quienes escuchaban emisoras extranjeras o leían libros prohibidos. Impuso un macho feroz y rural como estereotipo revolucionario. El 20% de la sociedad acabó exiliada. Creó una sociedad coral dedicada públicamente a las alabanzas del Jefe y de su régimen. Por su enfermiza búsqueda de protagonismo, miles de soldados cubanos resultaron muertos en guerras y guerrillas extranjeras dedicadas a crear paraísos estalinistas o a destruir democracias como la uruguaya, la venezolana o la peruana de los años sesenta. Carecía de escrúpulos políticos. Se alió a Corea del Norte y a la teocracia iraní. Apoyó la invasión soviética a Checoslovaquia. Defendió a los gorilas argentinos en los foros internacionales. El 90% de su tiempo lo dedicó a jugar a la revolución planetaria. Deja un país mucho peor del que lo recibió como a un héroe. La historia lo condenará. Es cuestión de tiempo.

Así triunfó el nazismo: manipulando la historia y la filosofía

Por Ricardo Angoso, 26 Noviembre 2016 1:54

LA MANIPULACIÓN DE LA FILOSOFÍA ALEMANA POR PARTE DEL NAZISMO

Por Ricardo Angoso

Aparte de las supuestas consideraciones científicas en las que se basaba el nazismo, estaba la manipulación de la filosofía alemana. Desde un principio el nazismo, que nunca tuvo en sus filas un intelectual de una talla que destacase por sus obras, se mostró especialmente hábil en esa tarea manipuladora, convirtiendo como parte de su discurso legitimador y justificador a la filosofía alemana. La legitimidad del nuevo régimen, plagado de ideas simplificadoras y siempre buscando el recurso fácil de un enemigo que había actuado contra Alemania, recayó sobre esta suerte de filosofía alemana adulterada y “vertida”, en cierta manera, hacia los planes criminales “diseñados” por los nazis desde sus orígenes.

Poco a poco, siguiendo las mal leídas tesis de Oswald Spengler, Friedrich Nietzsche, las ya citadas de Gobineau e incluso Artur Schopenhauer, el nazismo fue construyendo un espacio territorial imaginario, una suerte de Volkstum germano permanente, “superior a la de decadencia del imperio, como sustancia de un nuevo nacionalismo; el elogio de la actitud agresiva del hombre, valorado como orgulloso y violento animal de presa –Raubtier-; el carácter positivo de la guerra para evitar el resblandecimiento de una cultura; la crítica a la democracia y el principio de la desigualdad. Lo que había comenzado como una aventura filosófica, como debate de la corrección del rumbo espiritual de Occidente, se precipitó en el laboratorio de las trincheras. A la manera de un cambio de estado físico, la guerra transformó los valores ideológicos de una crisis intelectual en la materia sólida de una masa combatiente”, señaló el historiador Ferran Gallego en su obra De Munich a Auschwitz.

El culto a la muerte, la sacralización de la guerra y un heroísmo romántico que ligaba la sangre a la patria, junto con otras tesis, se acabaron convirtiendo en las bases del pensamiento nacionalsocialista. Ya en el siglo XIX, el poeta Theodor Koerner, escribió en vísperas de una batalla, el 13 de mayo 1813, que “en la muerte como sacrificio yace la felicidad”. Koerner, al igual que Friedrich Hölderlin, que escribiera Muerte por la patria, consideraba que la muerte era el mayor don que un patriota podía recibir y que este estado era el mejor “regalo” que podían recibir sus enemigos. La vida, entonces, no valía nada para todos estos poetas e intelectuales, y tan sólo con la muerte  los “hijos” podían pagar a la maltratada patria todos los dones recibidos.

“En tiempos del nazismo, no sólo prosiguió la tradición heroica relacionada con la inmolación personal, sino que se erigió en uno de los aspectos fundamentales de la esencia del régimen. Este hecho, más tal vez que cualquier otro, llevó a algunos contemporáneos a interpretar el nazismo en clave de religión política(…) Hasta el estallido de la guerra, el culto se centraba básicamente en quienes habían muerto en la lucha por la victoria del nazismo, es decir, en las batallas callejeras de principios de los años treinta. El himno semioficial de los nazis, la canción de Horst Wessel dedicada a la memoria de un nazi berlinés asesinado antes de 1933, afirma claramente que “los camaradas muertos por los rojos y los reaccionarios seguirán marchando en nuestras filas”, escribe el pensador francés Walter Laqueur en su libro La guerra sin fin. Hasta el general Millán Astray en España, un militar fascista, emuló en España ese espíritu y llegó a desafiar al intelectual Miguel Unamuno, en el mismo templo del saber, el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, al grito de “¡viva la muerte!”, para tratar de acallar (inútilmente) las palabras de este vasco universal por defender el humanismo frente a la barbarie.

Estas ideas, cuya sublimación máxima y más gráfica fue llevada a cabo por las unidades de las SS, que llevaban  una calavera y unas tibias en las gorras y en los anillos, en los puñales y en las hebillas de los cinturones, llegaron convertirse en el corpus ideológico de una grupo político que las necesitaba para desarrollarse y crecer y legitimarse también ante su sociedad. La sangre de los mártires, en definitiva, sería la semilla de una nueva iglesia en donde los que caían no tenían que soportar el dolor sino que vivían en la eternidad, estaban supuestamente más vivos que nadie, pues no sólo su muerte había sido  necesaria, sino noble y hermosa.

La guerra como un instrumento de dominación política

Hitler aprovechó la desolación y la frustración del pueblo alemán tras la Primera Guerra Mundial y su consiguiente derrota. Sabía que sus planes tan sólo se podrían llevar a cabo con la violencia política y la aniquilación del adversario; los enemigos y los “subhumanos” no tenían cabida en el nuevo orden con él que soñaba y que más tarde desarrollaría. Tenía las ideas claras y sobre estas premisas filosóficas, que tan sólo esbozaban lo que estaba por llegar, construyó un nuevo discurso político. El universo político e ideológico de Hitler estaba dominado por ideas fuertes, como la traición al pueblo alemán, la delación y una fe ciega en un patriotismo que justifica hasta el crimen, y exige a sus seguidores una adhesión sin cortapisas morales, casi religiosa, y una obediencia total.

La patria, en un momento de grave crisis económica, social y política, necesita fanáticos, seguidores ciegos de la causa y plenamente convencidos de la superioridad moral y filosófica de sus ideas. El nazismo aprovechó la frustración colectiva, la pobreza y el sentimiento generalizado de abatimiento tras la guerra, junto con el fracaso de la República de Weymar, para poner en marcha un movimiento que tenía entre los principales elementos de su programa la eliminación del adversario, culpable de la derrota alemana y de todos los males que acechaban a la patria. Los judíos, en suma, pensaba Hitler, eran los culpables últimos de la derrota alemana. Lo que había acaecido hasta entonces no tenía nada que ver con lo que realmente eran los alemanes, un cuerpo “puro” pero minado y traicionado, sino que era fruto de una suerte de tragedias y desgracias provocadas desde dentro y fuera por la “judería internacional” y el comunismo, las dos bestias negras de la nueva ideología nacionalsocialista. Solamente una vez extirpado este “cáncer” maligno que vivía dentro de la nación alemana, pensaban los nacionalsocialistas, Alemania volvería a ser grande, próspera y, sobre todo, permanecería ya “pura” hasta una noche de los tiempos que los nazis consideraban eterna.

Entonces, la guerra, la violencia e incluso la aniquilación absoluta del adversario estaban justificadas pues estaban legitimadas en el discurso nacionalista y victimista, donde todos los que supuestamente actuaban contra Alemania debían ser borrados de la faz de la tierra. El nuevo corpus ideológico del nazismo tendía a ver como elementos extranjeros y foráneos a todos los no alemanes, entre los que por supuesto se encontraban los judíos, los gitanos y más tarde los elementos “antisociales”, como los homosexuales, los disminuidos físicos y todos aquellos que no compartían las nuevas “verdades” ya construidas sobre estas premisas filosóficas.

El odio, la agresión e incluso el asesinato del adversario, una vez ya señalados los objetivos y criminalizados por la nueva ideología imperante, serán los métodos para llevar a cabo el programa y desarrollarlo hasta el final, hasta la “guerra total” que señalaría muy acertadamente Joseph Goebbels en las postrimerías del Apocalipsis total, cuando los soviéticos ya ocupan Berlín y se acerca el final de régimen. O, como resumiría Hitler unos años antes de su suicidio, “esta comunidad de fuertes y enérgicos (se refería a los nazis) acabaría por triunfar, ya que lo fuerte siempre vence a lo débil”.

Los nazis eran incapaces de vivir en paz, necesitaban la guerra para subsistir y legitimar su política, pues habían movilizado al pueblo alemán con sus soflamas de una gran Alemania “limpia” e imperial. Hitler necesitaba la guerra para sobrevivir, pues era uno de los ejes de su discurso, quizá el fundamental; tenía que cumplir su programa expansivo y en el mismo se encontraban las bases para llevar a cabo sus planes criminales, como el extermino de millones de judíos europeos. “Hoy nos pertenece Alemania/ y mañana el mundo entero”, resumía una popular canción nazi de la época.

“El heroísmo, el miedo, el dolor, la muerte o el homicidio individuales adquirieron sentido en el seno de un colectivo uniformado”, seguía señalando Gallego. Los judíos, junto con los gitanos, y más tarde los rusos, en este contexto, eran elementos a “extirpar” de la nueva comunidad nacional que se tenían que constituir a sangre y fuego, ya  que no tenían cabida en la nueva entidad nacional absolutamente pura que se debía construir sobre lo que consideraban las ruinas de una Alemania caduca, superada y derrotada. “Decadente”, en las simplificadas acepciones de Spengler.

Renuncia a la inteligencia y obediencia ciega al líder

En resumen, como señala el alemán Sebastián Haffner, es “la renuncia a la inteligencia, o más exactamente, la perversión de la inteligencia”, algo que se acabó convirtiendo en un estímulo adicional del nazismo, “porque la inteligencia figuraba entre los rasgos que esta generación rechazaba instintivamente”. Luego este desprecio por la inteligencia se materializó en la quema pública de libros de autores alemanes y extranjeros a los tres meses de la llegada de Hitler al poder, el 10 de mayo de 1933. Sin ningún sonrojo, y con la aprobación del máximo líder, fueron echados a la hoguera las obras de Kart Marx, Bertold Brecht, Tomás Mann, Arnold Stefan Zweig, Emile Zola y todos aquellos que los nazis consideraban como “decadentes”.  También la pintura “decadente”, como la de Picasso, por poner tan sólo un ejemplo, fue echada a la hoguera.

El nazismo, de esta forma, se establecía como un movimiento sobre todo antisistema y cuyo principal y casi único método de actuación era la violencia. Se trataba, principalmente, no sólo de sobrevivir sino de actuar frente a todos los que consideraba como sus enemigos y de eliminarlos físicamente sin contemplaciones. Los judíos, junto con los otros colectivos considerados “no alemanes” por los nazis, deberían ser exterminados siguiendo los planes establecidos previamente en el discurso ideológico nacionalsocialista.

Hay un documental del periodo nazi realizado por el Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, especialmente gráfico: en el mismo  los judíos son representados como ratas que huyen de un gran barco, Alemania, al que previamente habían llevado a la ruina y del que se habían alimentado durante siglos. Luego estaban los pasquines y carteles antisemitas, muy violentos y agresivos, mostrando una caricaturización de los judíos con rasgos animales, casi siempre como cerdos y ratas o seres deformes, ajenos a la naturaleza humana. La población alemana fue adulterada con este tipo de propaganda durante años y, más tarde, sumida en un proceso de adoctrinamiento colectivo, acabaría aceptando las fatales consecuencias del “proyecto” final que los nazis tenían para los pueblos no alemanes.

Luego estaba la obediencia ciega al líder, a los jefes políticos y militares, el acatamiento de todas las órdenes sin tener en cuenta ningún criterio político ni moral. Estas consideraciones, que ya fueron muy explicadas y desarrolladas por Hanna Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén, intentan exculpar no ya sólo al sujeto individual sino a todo el pueblo alemán por sus “culpas” en el Holocausto y todo el rosario de injustificados crímenes que se perpetraron durante el “reinado” nazi (1933-1945).

“La actitud del pueblo alemán hacia su pasado, que tanto ha preocupado en los expertos en la materia durante más de quince años, difícilmente pudo quedar más claramente de manifiesto: el pueblo alemán se mostró indiferente, sin que, al parecer le importara que el país estuviera infestado de asesinados de masas(…)”, escribiría Arendt durante el juicio de Eichmann, al que asistió como testigo en Jerusalén.

Eichmann, al igual que la mayoría de los criminales de guerra nazis, explicó en Jerusalén que él sólo cumplía órdenes y que se limitó a ejecutarlas, sin tener en cuenta los condicionantes morales y sin cuestionarlas, ya que no era su “misión”. Eichmann era, según sus palabras, un “idealista”, una pieza fundamental en la estructura nacionalsocialista que tan sólo tenía que obedecer órdenes, pues emanaban de una entidad superior, y estaban al servicio de una noble causa. Lo explica muy bien Arendt, a la que cito de nuevo textualmente: “Para Eichmann, el “idealista” era el hombre que vivía para su idea –en consecuencia, un hombre de negocios no podía ser un “idealista”- y que estaba pronto a sacrificar cualquier cosa en aras de su idea, es decir, un hombre dispuesto a sacrificarlo todo, y a sacrificar a todos, por su idea”. Eichmann, durante sus interrogatorios, llegó a asegurar que hubiera matado incluso a su padre si se lo hubieran ordenado y que  tal acción tan sólo hubiera formado parte del “proyecto” final.

¿Por qué el nazismo?: Una explicación

Por Ricardo Angoso, 22 Noviembre 2016 18:42

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POR QUÉ EL NAZISMO?

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS Y CULTURALES DE UNA PERVERSIÓN POLÍTICA

RICARDO ANGOSO

¿Buscas fuego? Lo encontrarás en las cenizas.

Rabino Mosche Löw von Sasow

El ascenso del nazismo

En 1933 llegaba al poder, de una forma democrática, Adolfo Hitler, aunque sin mayoría absoluta. Más tarde, una vez que la aristocracia, la derecha, el ejército, la banca y el poder industrial alemanes aceptan el resultado y, como mal menor, el poder de los nazis, Hitler subvertirá el sistema, ilegalizará a los partidos políticos y sindicatos, detendrá a sus oponentes y convocará unas nuevas elecciones donde obtendría la mayoría absoluta de un parlamento que más tarde cerrara hasta que la derrota militar permita el lento regreso a la normalidad de Alemania. En tan sólo doce años, entre 1933 y 1945, el Führer del III Reich, destinado a gobernar Alemania por más de mil años, en palabras del propio Hitler, constituyó una de las experiencias políticas y criminales más trágicas de la historia universal. Había comenzado una gran pesadilla para millones de personas que morirían, más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos en los campos de exterminio abiertos por los nacionalsocialistas.

“¿Por qué nos odian tanto?”, se preguntaban asustados los miles de judíos, homosexuales y gitanos que eran enviados, en trenes de ganados, a los campos de exterminio nazis. ¿De dónde procedía el odio que había puesto en marcha la maquinaría criminal más impresionante de la Historia? ¿Qué nutrió intelectualmente y moralmente a una ideología que es la expresión más clara de hasta donde puede llegar la perversión de la política? ¿Cómo fue posible que mil años de tranquila y sosegada vida alemana, plagada de una rica tradición literaria, artística e incluso musical, se viera truncada, casi de repente y súbitamente, por la irrupción en la escena de la ideología nazi y sus verdugos voluntarios?

A todas estas preguntas, hechas una y mil veces por los supervivientes del Holocausto y por las víctimas del nazismo, es difícil darlas una respuesta precisa y claramente concluyente, aunque hay factores y elementos anteriores a la llegada al poder de los nazis que arrojan bastante luz sobre el origen del nazismo y su irresistible ascenso (incluyendo aquí el éxito electoral de Hitler) en la Alemania del periodo de entreguerras. En el presente ensayo trataremos de dar algunas de las claves, que no son pruebas concluyentes, que puedan arrojar algo de luz. Hasta el escritor Günter Grass, un icono de la conciencia moral alemana de posguerra, ha reconocido que perteneció a las temibles Wafen SS, abriendo de nuevo el debate acerca de la supuesta responsabilidad colectiva alemana durante el periodo nazi. Se sintió, como muchos alemanes, seducido por el nazismo y por el discurso racista de Hitler. Volvemos a hablar de historia, para entender comprender lo que está sucediendo, de un pasado que en el caso de Alemania nos sirve para poder explicar las claves del presente y quizá también del futuro.

Y es que, como aseguraba el profesor Santos Juliá, reprimir el recuerdo es creer no haber sido lo que se fue y, en consecuencia, hablar como si nunca se hubiera sido. “Le ocurrió a muchos de los que ingresaron en el partido nazi impulsados por la voluntad de poner su vida al servicio de una causa sublime, compartida por miles de camaradas. Luego cuando las cosas no salieron como se habían imaginado y tuvieron que rendirse a la evidencia de la muerte y la devastación que ellos mismos habían provocado, no les fue posible reconocer que habían sido parte activa de ese horror”, aseguraba el historiador citado al comienzo de este párrafo. No obstante, antes de adentrarnos en los “movedizos” terrenos de la responsabilidad y la culpa, que dejaremos para el final de este texto, conviene que repasemos los orígenes y la historia del nazismo.

Antisemitismo y racismo en Alemania

El antisemitismo, al menos en los textos escritos alemanes, había nacido con Lutero, quien no se anduvo con reparos a la hora de pedir la expulsión de los judíos de Alemania, la incautación de todos sus bienes y propiedades y la destrucción de sus sinagogas. Es cierto que antes, pero sobre todo a partir del siglo XI, que se habían producido pogroms en algunas ciudades alemanes, pero nadie antes hasta Lutero había elevado este antiseimitismo primario a los púlpitos y a la doctrina religiosa.

Este antisemitismo tradicional alemán, profundamente enraizado en las capas más populares, se vería más tarde legitimado con las guerras napoleónicas, pues el régimen de Napoleón proclamó la emancipación de los judíos en Alemania y en el rechazo a esta reforma encontrarían los alemanes el principal motivo de inquina contra las ideas liberales que provenían de Francia. El patriotismo alemán del siglo XIX, que luego se desarrollaría con el romanticismo en forma de expresión nacional, era antiliberal, antifrancés y antisemita, en las mismas forma, en una suerte de “santísima trinidad” laica e intolerante.

Lutero llega a considerar al judío como un ser ajeno a la naturaleza humanos, carente de principios y que no merece ni Dios ni patria. Estas ideas, simplistas en su momento pero movilizadoras para una población que todavía no leía y cuya principal fuente de información eran los sermones de las iglesias, serían recogidas unos siglos más tarde por Adolf Hilter cuando llegaría a afirmar que “al defenderme del judío, lucho por la obra del Supremo Creador”. La fuente de su inspiración ya sabemos de donde provenía: de los púlpitos de las iglesias. Pero sigamos con el relato cronológico de los hechos.

Más tarde, en 1854, se publica el famoso libro del conde de Gobineau titulado Ensayo sobre la desigualdad, de las razas humanas, primer ensayo antisocialista de la historia y precursor de toda la gran literatura reaccionaria del siglo XIX y finales del XX. Gobineau critica a los incipientes movimientos sociales, exalta a la aristocracia fundamentada en el concepto de la raza  y predica novedosamente, para la época, la lucha contra los movimientos proletarios como contrarios a la lógica humana. Estableciendo paralelismos y bases doctrinales totalmente carentes de ninguna demostración científica, Gobineau defiende abiertamente la diferenciación entre las distintas razas, llegando a considerar a los negros como una raza inferior sin ningún futuro y a los blancos de raza germánica pura como los únicos dotados para la civilización.

El mismo Ricardo Wagner, más tarde considerado como el músico preferido de Hitler y que elevaría a los festivales de Bayreuth a la condición de ceremonia de Estado del régimen nacionalsocialista, se mostraría un fervoroso partidario de las doctrinas de Gobineau e incluso parece que contagiaría de su entusiasmo a su yerno, Houston Stewart Chamberlain, quien más tarde adaptaría estas tesis y llegaría a escribir la obra  Los fundamentos del siglo XIX, texto de exaltación racista de la raza germánica y caracterizado por un furibundo antisemitismo. Ambos textos, los de Gobineau y Chamberlain, llegarían a ser los libros de cabecera de los teóricos del nazismo, entre ellos del mismo Hitler. Hoy en día, para la mayoría de los círculos universitarios, son dos textos primarios y de escaso interés científico, de no haber sido porque ambos constituyen parte de la “prehistoria” del nazismo.

Los orígenes pseudocientíficos del nazismo

Adolfo Hitler había escrito durante sus años en la cárcel, por intentar derribar el sistema democrático mediante un golpe de Estado, las bases doctrinarias del nazismo en su conocido libro Mein Kampf (Mi lucha). En su famosa exposición de principios, Hitler desarrolla sus doctrinas racistas y  xenófobas con las que se lanzara a la conquista y destrucción de Europa y a la búsqueda del lebensraum, o espacio vital, para una Alemania como potencia dirigente y central de la nueva Europa que pretendía forjar a sangre y fuego.

No obstante, el verdadero “motor” de todas estas teorías del “espacio vital” y demás fantasías que luego se pusieron en marcha violentamente no fue Hitler, ni mucho menos. Las ideas, junto con el proyecto final, provenían de la universidad y, más concretamente, habían sido elaboradas por el profesor Karl Haushofer, erudito conservador y nacionalista que tras la Primera Guerra Mundial había sido el principal impulsor de una “ciencia” que él mismo denominaba como “geopolítica”. La teoría preconizaba que en el futuro el mundo se estructuraría para dar lugar a una era de grandes imperios terrestres. Haushofer había dado clases al lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess, a su paso por la universidad y, más tarde, explicaría al mismísimo caudillo nazi los rudimentos de la política exterior y de la división étnica de Europa. Jugaban a la política, como si de un ingenuo juego se trataba, y no sabían que estaban poniendo en marcha las fatales tesis que iban a inspirar a un régimen basado en una religión de Estado absolutamente criminal e inhumana. Suponemos que de la tardía comprensión de todo ello surgió el también tardío suicidio del profesor Haushofer, junto con su esposa, después de la derrota alemana.

Pero Haushofer fue más allá en sus tesis, diseñando un mapa de Europa donde Alemania tenía que crecer a costa de los Estados más pequeños y más debiles, aunque fuera por la fuerza y constituir el lebesraum –espacio vital para el pueblo alemán- del que más tarde hablaría Hitler, como ya hemos expuesto antes, en su Mein Kampf. Unos años después de aquellos delirios universitarios, el propio hijo de Haushofer, Albrecht, trabajaría para los nazis como asesor en política exterior, es decir, avasallando e imponiendo férreas condiciones a sus vecinos en su calidad de consejero, y terminaría sus días dramáticamente en las postrimerías del nazismo; fue asesinado después del complot contra Hitler, debido a las relaciones que tenía con algunos de los implicados.

Estas doctrinas, fundamentadas en la superioridad de la raza aria alemana sobre el resto de los pueblos del mundo, habían “bebido” intelectualmente de las tesis racistas del geógrafo alemán Friedrich Ratzel, autor de cierto prestigio en la Alemania de finales del siglo XIX. En su obra Geografía política, Ratzel considera que los pueblos con una cultura inferior, como los judíos y los gitanos, estaban condenados a la extinción, junto con “los raquíticos pueblos cazadores del interior de África”, así como “innumerables existencias parecidas”, puesto que se trataba de “pueblos dispersos, sin una tierra propia”.

Las ideas de Ratzel era, todo hay que decirlo, bastante generales hasta que un politólogo sueco, Rudolf Kjellen, llegó acuñarlas también en el siglo XIX y popularizó el término geopolítica para caracterizar el análisis de la influencia de los factores geográficos sobre las relaciones de poder en la política internacional. El sueco Kjellen llegó a defender, al mismo tiempo, una visión organicista del Estado y el desarrollo de una política basada en la misma geografía, “bebiendo” de algunas concepciones del geógrafo británico Sir Halford John Mackinder. La tesis, resumiendo, llegaba a exponer abiertamente que Asia Central y Europa del Este se habían convertido en el centro estratégico del planeta, como consecuencia del decaimiento relativo del poder marítimo radicado en los otros continentes y en los países situados en torno a esta zona del mundo. En definitiva, las potencias que lucharán por aquella zona del mundo y la controlarán definitivamente, dominarían el mundo. El predominio europeo, controlando esta zona estratégicamente emergente, era absolutamente necesario, pensarían más tarde los líderes y teóricos nazis.

Se trataba, en definitiva, tal como defendía Hauschofer y más tarde Hitler, de una suerte de darwinismo social y racial sustentado en la supuesta superioridad de la raza “aria”, que estaría destinada a dominar el mundo y a decidir el futuro de los pueblos considerados “subhumanos” por los nazis. La lucha entre las distintas razas del planeta por el espacio y el control de los recursos determinaría este combate final en donde los “arios” estaban destinados a dominar Europa y más tarde el mundo; en el universo ideológico de Hitler la raza “aria” que estaba llamada a dominar el mundo era la germánica, cuya principal  misión sería, primero, la destrucción de Francia y, más tarde, la extensión hacia el Este para cumplir su misión histórica: la derrota total de la Rusia judeobolchevique y la subordinación de todas las potencias eslavas a los intereses estratégicos de Alemania. La guerra que Hitler comenzaría en 1939, y que estuvo a punto de ganarla si no comete el craso error de atacar Rusia sin estar preparado para ello, tenía estos objetivos y, al menos, alcanzó uno de los explicitados en el Mein Kampf: la aniquilación completa de la “judería” europea y el exterminio de más de seis millones de judíos.

En la misma línea, el destacado historiador Henry Friendlander, que desarrolló el programa de asesinatos masivos mediante el programa de eutanasia de Hitler, sostenía que Alemania no podía permitirse la existencia en Europa Central de naciones no europeas que no podían ser asimiladas, tal como era el caso de los gitanos y los judíos. Estas tesis, junto con otras en la misma línea racista y nacionalista radical, justificarían más tarde los asesinatos masivos y los campos de concentración. Los elementos “impuros”, creían los nazis, debían ser “separados” de la nueva nación alemana.

Como explica el investigador y periodista Laurénce Rees, en su libro Auschwitz y la “solución final”, “los nazis consideraban que los judíos y gitanos, como los demás pueblos no arios, eran “asociales” y peligrosos desde un punto de vista racial. Deseaban librarse de ellos, y en relación al volumen de su población, los gitanos sufrieron más que cualquier otro grupo bajo el Tercer Reich, aparte de los judíos. No hay estadísticas exactas sobre el número de gitanos que murieron a manos de los nazis; sin embargo, se cree que entre doscientos cincuenta y quinientos mil de ellos pudieron haber perecido durante la guerra”. Los pueblos “impuros” y los “infrahumanos” no tenían cabida en el nuevo orden que Alemania deseaba impulsar para Europa bajo su liderazgo.

La izquierda mundial contra Trump

Por Ricardo Angoso, 20 Noviembre 2016 20:38

trump_flicker_face_yessLA PROGRESIA MUNDIAL CONTRA TRUMP

por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

rangoso@iniciativaradical.org

Donald Trump se ha convertido en el terror de la progresía mundial, muy a su pesar seguramente. Años escuchando sandeces, como que hay que ser solidarios y abrir las fronteras a todos, incluidos a los terroristas, los yihadistas, los islamistas radicales, los delincuentes indocumentados y demás ralea, parecen haber llegado a su fin en los Estados Unidos. Por fin un presidente de ese país va a hacer cumplir las Leyes y poner en su sitio a aquellos que las desconocen.

Entrar ilegalmente en un país, o quedarse aprovechando una visa de turista, es un delito en cualquier parte del mundo. Trump va a luchar para que los que cometen ese tipo de delitos, que son millones, sean tratados de acuerdo a la Ley, siguiendo las más elementales formas de lo que debe ser un Estado de Derecho. Si nuestros estúpidos dirigentes europeos en Alemania, Francia, España y el Reino Unido hubiera actuado así nos habríamos ahorrado centenares de víctimas del terrorismo  islamista. Pero no fue así, convirtieron a Europa en un coladero insoportable y ahora nos toca a todos pagar por su insensatez. Ya se detecta un aumento en la inseguridad en las calles alemanes, al tiempo que pasa un tanto de los mismo en otras partes del continente.

Trump también ha dicho que va a construir un muro entre México y los Estados Unidos. ¿Será así? No lo creo, mas bien pienso que intensificará los controles, instalará nuevos mecanismos electrónicos y cámaras para evitar la inmigración ilegal y contratará más vigilantes y policías para frenar la entrada de ilegales. Estados Unidos está en todo su derecho de hacer lo que le venga en gana en sus fronteras y evitar la entrada masiva de millones de ilegales. Lo que es impresentable es que México no controle sus fronteras y que las mismas se hayan convertido en un magma de corrupción, criminalidad, delincuencia organizada, narcotráfico e inmigración ilegal. Pero, en fin, como vivimos en un mundo donde no se pueden hablar determinadas cosas y llamar al pan, pan, y al vino, vino, tenemos que aceptar la verdad suprema de que Trump es un fascista y punto.

RUSIA, PIEZA CLAVE PARA RESOLVER LOS EMBROLLOS SIRIO Y UCRANIANO

Luego Trump ha hablado de llamar a Rusia para que colabore en el descontrol mundial tras ocho años de inútil administración de Barack Obama. Me parece lo más sensato que he oído en los últimos años en política internacional, pero tampoco este asunto le gusta a la progresía y a los escribidores a sueldo de la prensa políticamente correcta. Sin la ayuda de Rusia no se resolverán las decenas de conflictos, crisis y guerras que deja encima de la mesa la deficiente gestión de Obama. A estas alturas de la película resulta claro que ninguno de los dos bandos enfrentados en Siria puede ganar la guerra, tanto el régimen sirio, que apoya Rusia, como la fragmentada oposición pueden estar por décadas en conflicto sin que se atisbe una solución. Hace falta un diálogo político entre las partes, con la participación de la Unión Europea (UE) y Rusia, impulsado por un nuevo liderazgo en el mundo de los Estados Unidos.

El asunto de Ucrania también estará en la agenda del nuevo presidente. Los Estados Unidos y sus socios europeos jugaron con fuego en esta crisis, apoyando a un gobierno que vulneraba los derechos de la importante minoría rusa, un colectivo de casi diez millones de personas. Hay que aceptar de una vez por todas la anexión de la península de Crimea por parte de Rusia, ya que este territorio fue integrado de una forma ilegal y ajena al deseo de su población a Ucrania, y poner fin a la guerra de las regiones del Donetsk y Lugansk, donde el gobierno de Kiev trató de imponer a sangre y fuego su dominio sobre las comunidades rusas. Si de veras se quiere garantizar la paz, la estabilidad y la integridad territorial de Ucrania, es absolutamente necesario integrar en un gran acuerdo a Rusia y a las milicias prorrusas que están en los territorios hoy levantados en armas. Sin un gran acuerdo nacional que contemple los intereses de todas las partes esos anhelos compartidos por todos no se alcanzarán nunca.

En lo que respecta a América Latina, ya pueden temblar todos los tiranos del continente. Se acabaron las pamplinas, las buenas palabras y los inútiles discursos destinados a contentar a la muchachada bolivariana. Esa época, de contemporizar con los Castro y callar ante los exabruptos de Correa y Maduro, está destinada a llegar a su fin. Se va a acabar la fiesta pronto y los “revolucionarios” se van encontrar enfrente a un líder duro y capaz de responderles con sus mismas armas. Además, Trump tenderá puentes con Rusia, aislando a Ecuador y Venezuela en sus juegos estratégicos para quitarse del medio a los Estados Unidos, y seguramente con China.

TRUMP COMO CONSECUENCIA DE UN PROCESO DE CAMBIO

El mundo está cambiando, eso está claro, y la victoria de Trump no se debe analizar de una forma simplista, sino como fruto de un proceso de cansancio y hastío de una forma de gobernar que hasta ahora conocíamos. Se asiste a nivel planetario a una creciente desafección entre los ciudadanos y sus gobiernos, entre los representados y sus representantes, y a crisis de nuestras instituciones, cada vez más incapaces de dar las respuestas adecuadas a las demandas de unos ciudadanos cada vez más informados y conectados entre sí.

Los fenómenos de movilización popular, en forma de airadas protestas y manifestaciones ciudadanas, en los Estados Unidos, Italia, Grecia, Portugal y España, por no hablar de otras latitudes, reflejan que estamos ante una nueva era que reclama cambios, reformas políticas y una nueva relación entre la sociedad civil y los gobiernos. Trump no ha sido la causa de este proceso, sino la consecuencia del mismo. Interpretó a los ciudadanos y se dirigió a los mismos con un lenguaje básico, simple y con frases cortas, mientras que Clinton hablaba a los círculos de poder de Washington, para generar confianza en el Establecimiento, y perdió las elecciones. El mundo está cambiando y la progresía mundial, que ya ha comenzado su cruzada contra Trump incluso antes de llegar a la máxima magistratura de la primera potencia del mundo, no se ha enterado de nada. Pobres progres.

Maduro, jefe del cartel de los Soles

Por Ricardo Angoso, 19 Noviembre 2016 1:21

Sobrinos de Maduro fueron condenados en EE.UU.

El jurado estadounidense decidió dejar en prisión a los dos sobrinos de la primera dama de Venezuela, Cilia Flores, acusados de planificar el envío de 800 kilos de cocaína a ese país.

Sobrinos de Maduro fueron condenados en EE.UU.

Foto: EFE

El presidente de Venezuela Nicolas Maduro, esposo de Cilia Flores, tía de los implicados en el caso de narcotráfico.

Tras el fin de los argumentos de la fiscalía y la defensa y luego de seis horas y media de deliberaciones, el jurado declaró culpables a Efraín Campo Flores y a su primo Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de la primera dama de Venezuela, Cilia Flores, en una corte federal del sur de Manhattan. El juez Paul Crotty fijó como fecha tentativa de la sentencia el 7 de marzo.

Esta semana, sin embargo, los abogados denunciaron varias “irregularidades” durante el juicio. Según dijeron, “esto es una aberración total. Hay tantas dudas razonables” sobre las pruebas que supuestamente les incriminan, argumentó Randall Jackson, abogado del acusado Efraín Antonio Campos Flores, de 30 años.
Están acusados de dos delitos: conspirar para enviar droga a Estados Unidos y conspirar para manufacturar y distribuir droga en el país. Si declarados culpables, su pena será de 10 años como mínimo por cada delito y de cadena perpetua como máximo.
Ambos fueron detenidos en Haití en noviembre del año pasado por la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, y trasladados a Nueva York, donde han permanecido casi un año en prisión a la espera del juicio.
Jackson dijo al jurado que el principal testigo de la fiscalía, el informante de la DEA y narco del cartel de Sinaloa José Santos Peña, no es creíble porque mintió en la corte bajo juramento, porque nunca se incautaron drogas en la operación y no hay pruebas de que los primos sean culpables.
“El caso entero se basa en informantes confidenciales en los que no se puede confiar”, dijo Jackson, que describió a Santos Peña como un “sociópata”.
Campos Flores y Flores de Freitas “fueron atrapados con las manos en la masa”, aseveró por su lado el fiscal Emil Bové al cerrar sus argumentos. “Hay evidencia real en sus teléfonos que fueron incautados, en sus confesiones, en las grabaciones” de reuniones secretas, añadió.
“Al menos durante 13 veces” los acusados escucharon “que las drogas vendrían a Estados Unidos. Lo hicieron a sabiendas, dijo.
Y para Bové, no importa si el ladrillo que Campos Flores mostró a los informantes diciendo que era cocaína proveniente de la guerrilla colombiana de las FARC lo era o no. “¡Lo que importa es que él creía que lo era!”, dijo.

¿Hacia una gran alianza Rusia-Estados Unidos?

Por Ricardo Angoso, 19 Noviembre 2016 1:02

Ucrania se ve sola frente al gigante ruso

Kiev teme que Trump tome partido por Moscú en el conflicto ucranio

El presidente de Ucrania, Petro Poroshenko.

La elección de Donald Trump ha caído como un jarro de agua fría entre los políticos en el poder en Ucrania, quienes temen que el nuevo presidente norteamericano preste menos atención a su país e incluso pueda dejarlo solo frente al vecino ruso.En la clase política gobernante en Kiev, Trump genera desconfianza por sus declaraciones aislacionistas, por sus comentarios sobre Crimea y también por la circunstancia de que el artífice de la estrategia electoral de Trump fue el consultor Paul Manafort, quien ayudó al expresidente ucranio Víctor Yanukóvich y al Partido de las Regiones a vencer en los comicios presidenciales y parlamentarios de 2010 y 2012, respectivamente.

Como culminación de las protestas de 2014 (el Maidán), Yanukóvich huyó a Rusia y su partido —reencarnado en el Bloque de Oposición— es minoritario hoy en la Rada Suprema (el Parlamento ucranio). Manafort siguió asesorando a Trump, incluso después de cesar al frente de su campaña, y no es un especialista en Rusia, afirman fuentes relacionadas con el tecnólogo político.

Como candidato, Trump admitió la posibilidad de un reconocimiento de Crimea como territorio ruso. El ministro del Interior de Ucrania, Arsén Avákov, reaccionó tildando de “peligroso marginal” al futuro presidente de EE UU. Tras la victoria del 8 de noviembre, Avákov borró su comentario, en el que calificaba de “desvergonzada” la afirmación de Trump.

El presidente Petró Poroshenko ha hablado por teléfono con el nuevo presidente de EE UU, le ha invitado a Ucrania y le ha transmitido su mensaje clave, a saber, que espera que Washington continúe apoyando a Ucrania en la lucha contra “la agresión rusa”. Por su parte, la aviadora y diputada Nadezhda Sávchenko, en una carta abierta, ha solicitado a Trump que mantenga e incluso refuerce las sanciones contra Rusia y que incremente la ayuda militar a Kiev.

Los políticos prooccidentales, con mayoría en el Parlamento, creen que hay que esforzarse por ganar el corazón de Trump y difundir mejor la causa ucrania, tal como ellos la entienden, en EE UU. Lo que les preocupa sobre todo es que Ucrania pase a ocupar un lugar periférico en la Casa Blanca y que el nuevo presidente llegue a acuerdos con Putin que ignoren los intereses de Kiev en la anexionada península de Crimea o en la conflictiva zona del Donbás, parte de la cual es controlada por insurgentes prorrusos ayudados económica y militarmente por Moscú.

El subcomité de integración euroatlántica de la Rada Suprema (Parlamento ucranio) ha iniciado unas sesiones sobre las consecuencias de la elección de Trump. Estas sesiones concluirán el 7 de diciembre en un debate parlamentario más general sobre la estrategia de política exterior de Ucrania. El miércoles asistieron a la reunión los exministros de Exteriores Boris Tarasiuk y Volodymir Ogryzko, así como el exresponsable de política europea en la Administración presidencial, Oleg Ribachuk, entre otros.

Entre las ideas que se expresaron durante el debate del miércoles figuraron la necesidad de confrontar a EE UU con los compromisos adquiridos por la Administración estadounidenses, tales como el memorándum de Budapest de 1994, por el que Washington dio garantías de seguridad a Ucrania tras la renuncia a sus armas nucleares. También se mencionó la posibilidad de solicitar a EE UU el estatus de país aliado importante no miembro de la OTAN, con el fin de cimentar sobre una base bilateral la cooperación en materia de defensa y militar que hoy la OTAN no puede proporcionar a Ucrania. Otras ideas que sonaron fueron la consecución de permiso para importar armas letales para hacer frente a Rusia y la fabricación de armas ucranias con tecnología estadounidense en territorio ucranio.

“Es fundamental que la política anticorrupción de Ucrania comience a funcionar y que dé algún resultado antes de que Trump tome posesión del cargo”, dijo Ribachuk, abordando el tema clave entre las causas del cansancio occidental en relación a Ucrania.

Por su parte, Ganna Gopko, jefa del comité de Exteriores de la Cámara, insistía en la necesidad de activar el lobbismo de la causa ucrania en EE UU. Los políticos, decía Gopko, deben transmitir la idea de que Rusia es una amenaza no solo para Ucrania sino para Europa central y los Balcanes.

“Ucrania era una de las prioridades del presidente Obama, pero vinculada a un orden del día negativo”, afirmaba Oliona Getmanchuk, del Instituto de Política Mundial (IWP, en sus siglas en inglés). “Habría que pasar del orden del día negativo al positivo”, opinaba la experta, según la cual Ucrania no es “un parásito” porque gasta el 5% de su PIB en defensa y seguridad y lo que pide es “ayuda”. Según Ribachuk, es necesario “llamar a las cosas por su nombre”, porque no se puede hablar de “guerra civil” y “operación antiterrorista” en la zona del Donbás y al mismo tiempo pedir armas letales a los norteamericanos.

El IWP ha formulado 15 recomendaciones para la política ucrania en relación al nuevo presidente norteamericano, entre ellas fomentar los contactos con los dirigentes, senadores y funcionarios del Partido Republicano, con especial énfasis en el vicepresidente. También, intentar una reunión de Poroshenko y Trump antes de que este acceda al cargo, subrayar los gastos de defensa de Ucrania, plantear el tema de las transferencias de armamento, vincular el resultado de lucha contra la corrupción en Ucrania con parámetros concretos y objetivos, e impulsar una ley sobre la estabilidad y democracia en Ucrania que condicionaría la eliminación de las sanciones a la recuperación del control de sus fronteras por parte de Ucrania.

Ejemplos prácticos para los senadores colombianos

Por Ricardo Angoso, 16 Noviembre 2016 21:16

Trump dice que aceptará un salario de un dólar como presidente

El presidente electo anunció su decisión la CBS durante su primera entrevista televisiva tras ganar las elecciones.

Donald Trump, en su entrevista en la CBS | EFE

El millonario Donald Trump aseguró hoy que renunciará al salario de 400.000 dólares anuales que le correspondería como nuevo presidente de EEUU y que solo cobrará un dólar, al ser esa la cantidad mínima que debe aceptar por ley.

Trump anunció su decisión en una entrevista para el programa 60 minutos del canal CBS, su primera aparición televisiva tras ganar las elecciones del 8 de noviembre.

“Creo que por ley tengo que aceptar un dólar, así que aceptaré un dólar por año. Pero, lo cierto es que no sé siquiera cuál es el salario. ¿Sabes cuál es?“, preguntó Trump durante la entrevista a la periodista Lesley Stahl, quien le respondió que la retribución anual para un presidente de Estados Unidos es 400.000 dólares. “No voy a aceptar ese salario, no lo tomaré”, aseguró Trump, quien amasó buena parte de su fortuna con programas de televisión, hoteles, casinos y negocios inmobiliarios.

Trump también dijo que dará a conocer su declaración de impuestos “en el tiempo apropiado” y defendió su decisión de no divulgarla durante la campaña electoral, como es costumbre en EEUU desde hace décadas por parte de todos los aspirantes a la presidencia.

En la entrevista, Trump también abarcó otros temas como el Tribunal Supremo, compuesto actualmente por ocho jueces tras la muerte en febrero del conservador Antonin Scalia, a quien el millonario prometió sustituir con un magistrado favorable a los valores de la derecha cristiana.

Sin embargo, hoy Trump dijo que se siente “bien” con respecto a la decisión del alto tribunal de legalizar el matrimonio entre las personas del mismo sexo, aunque consideró que el derecho de las mujeres a poner fin a su embarazo debe ser competencia de los estados y no del Gobierno federal, como lo es actualmente.

Además, Trump exigió el fin de los actos violentos contra los hispanos, afroamericanos y miembros de la comunidad de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB), tres colectivos que han denunciado un incremento de ataques desde el triunfo electoral del millonario.

“Me siento tan triste de oír eso, les digo: ‘detente’. Si ayuda, lo diré y lo diré directamente frente a las cámaras: ‘Deténganse’”, dijo Trump, quien fue criticado durante la campaña electoral por no mediar en fuertes episodios de violencia que se desataron en sus mítines.

Del mismo modo, Trump, que tomará posesión como presidente el 20 de enero, pidió a quienes se manifestaron en las calles contra su elección que “no tengan miedo”. Decenas de miles de personas se han manifestado contra Trump durante cuatro noches consecutivas en una treintena de ciudades, dentro de un movimiento de indignación bautizado como “Not my president” (No mi presidente).

Turquía, una dictadura ya sin careta

Por Ricardo Angoso, 12 Noviembre 2016 15:49

Turquía autoritaria

La prisión preventiva del director del prestigioso diario turco Cumhuriyet y ocho de sus trabajadores confirma la deriva represiva de Erdogan

Vladimir Putin y Tayyip ErdoganVladimir Putin y Tayyip Erdogan  ASSOCIATED PRESS

La prisión preventiva decretada contra el director del prestigioso diario turco Cumhuriyet y ocho de sus trabajadores, entre periodistas, directivos y un viñetista, es la gota que colma el vaso en el deslizamiento de Turquía hacia un Estado autoritario que está pilotando el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Desde que sofocara la intentona de golpe de Estado el pasado julio, la gestión de Erdogan se ha basado en una represión absolutamente desproporcionada, no ya de los elementos conspiradores sino de cualquier atisbo de oposición. En la peor tradición autoritaria, el presidente turco se ha servido del golpe para barrer dentro de su país, y utilizando métodos de dudodísima legalidad, cualquier crítica que se le pudiera hacer. Solo en lo que respecta a la libertad de información ha cerrado 170 medios, ordenado el despido de 2.500 informadores y encarcelado a más de 700 periodistas. La acusación de terrorista o conspirador se han convertido en el estigma con el que el mandatario turco está decretando la muerte civil de miles de sus compatriotas. No se libra ningún sector; más de 30.000 profesores han sido apartados de las aulas, igual suerte han seguido miles de funcionarios, militares, policías y hasta árbitros de fútbol.

La segunda ecuación de las bravuconadas autoritarias de Erdogan tienen que ver con la Unión Europea, a la que ha amenazado con llenar de refugiados si Bruselas sigue cuestionando sus políticas internas. Con gestos como este, el viejo anhelo de Turquía de formar parte de las instituciones del viejo continente se va complicando cada cada vez más mientras se desdibuja su proyecto de convertirse en un referente de modernización para los países de su entorno. El país que Atatürk había conseguido rescatar del largo sueño medieval para impulsarlo hacia el laicismo y la democracia corre el peligro con Erdogan de regresar a los lugares más infaustos de su pasado.

Kurdistán, una tragedia que puede concluir en una realidad internacional

Por Ricardo Angoso, 11 Noviembre 2016 15:07

Kurdistán, una bomba de relojería en el corazón de oriente medio

Tan sólo un necio como el presidente de la República de Turquía, Tayyip Erdogan, puede pensar que el problema que representa la minoría kurda repartida en seis Estados de la región se puede resolver a cañonazos. Cuarenta y cinco millones de kurdos, casi como la población de España o Colombia, viven repartidos entre Irán, Irak, Siria y Turquía y nunca ocultaron sus aspiraciones nacionales.

Kurdos: tragedia y diáspora

Ya en una fecha tan lejana como 1920, tras la Primera Guerra Mundial y el reajuste territorial de las fronteras de Oriente Medio después de la defunción del Imperio Otomano, las grandes potencias occidentales decidieron a través del Tratado de Sèvres reconocer un Estado kurdo entre las actuales Siria, Irak, Irán, Armenia y Turquía. Pero el Tratado nunca se cumplió y los kurdos quedaron disgregados entre esos países sin que nada ni nadie les apoyase en sus reclamaciones nacionales.

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Así comenzó la tragedia kurda que dura hasta hoy. Los kurdos han sido perseguidos, reprimidos y masacrados con saña por Siria, Turquía, Irak e Irán. Tan solo encontraron algo de descanso en Alemania, Armenia, Chipre, Grecia y Líbano, donde residen pequeñas comunidades de refugiados, desplazados y perseguidos. La comunidad alemana es la mayor con algo más de un millón de kurdos viviendo en ese país.

LA TRAGEDIA KURDA DURA HASTA HOY

Desde la fundación de Turquía, en el año 1923, y el posterior recogimiento internacional de esta nación, mediante el Tratado de Lausana, los turcos han reprimido duramente a los kurdos, arrasando centenares de aldeas y pueblos de esta minoría y asesinado a miles de una forma brutal.

Al genocidio armenio, que costó la vida de casi dos millones de personas entre 1915 y 1923, se le vino a unir la represión indiscriminada contra la identidad kurda a merced del discurso nacionalista y panturco del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk, quien siempre concibió al nuevo país como monoteísta, homogéneo y ceñido a un férreo control por parte del ejército, que debía de fijar los límites de una “democracia” muy peculiar.

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Los kurdos solo tendrían cabida obedeciendo al nuevo orden, renunciando a sus señas de identidad cultural, incluida su lengua, y manteniéndose sumisos ante la brutal represión desencadenada nada más nacer la nueva Turquía.

LOS KURDOS, UN PUEBLO SIN ESTADO, SE ENCUENTRAN REPARTIDOS ENTRE SIRIA, TURQUÍA, IRAK E IRÁN

Esta persecución a los kurdos, con miles de muertos, propiedades y viviendas destruidas, ciudades arrasadas y millones de víctimas, ha perdurado durante todo el siglo XX y ahora es continuada por la dictaduraque encarna Erdogan, acusado por las organizaciones de derechos humanos y los grupos kurdos del interior de Turquía de estar batiendo un récord genocida en el aniquilamiento de este pueblo sin Estado.

Turquía, de mal en peor con respecto al problema kurdo

En 1978, como respuesta a este rosario de afrentas y crímenes, se fundó el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un movimiento de liberación nacional que pretende a través de la lucha armada fundar una nación kurda independiente. Los kurdos de Turquía podrían ser algo más del 30% del censo del país y viven en el sureste, muy cerca de las fronteras turcas con Irak, Irán, Siria y Armenia. También hay importantes comunidades kurdas en Ankara y Estambul.

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El PKK ha llevado acciones violentas, consideradas terroristas por Ankara y una buena parte de la comunidad internacional, desde ese año y se calcula que en los enfrentamientos entre dicho grupo y las fuerzas militares y de seguridad turcas podrían haber muerto más de 40.000 personas, la mayor parte civiles asesinados por militares turcos.

40.000 KURDOS, LA MAYOR PARTE CIVILES, HAN ASESINADOS POR MILITARES TURCOS

Sin embargo, como señal de que los tiempos estaban cambiando, entre los años 2013 y 2015 se produce un acercamiento entre el ejecutivo de Ankara y el PKK, que se traduce en una aceptación por parte de los kurdos por negociar su suerte con las autoridades turcas y en una menor violencia por ambas partes, aunque el ejército turco siguió hostigando y reprimiendo en el Kurdistán. En esos años, y como fruto de una dinámica de cambio de la situación que ambas partes aceptaban, se funda el Partido Democrático del Pueblo (HDP), una organización kurda que rechaza la violencia y busca una salida política al conflicto entre turcos y kurdos.

En las elecciones del 2015, esta formación política superó el 10% de los votos exigidos para poder estar presente en el legislativo turco y logró 59 asientos, una cifra impensable para un partido de estas características y que era presentado en la sociedad turca como terrorista y un simple lavado de cara del PKK.

El golpe de Estado perpetrado por Erdogan en julio de 2016, que fue una trama política que realmente sólo le beneficiaba a él en eras de acaparar el poder absoluto en la sociedad turca, generó una dinámica de represión y persecución contra todos los actores que disentían con el poder omnímodo del nuevo califa del siglo XXI.

10 DIPUTADOS KURDOS ANTE LOS TRIBUNALES TRAS GOLPE DE ESTADO EN TURQUÍA

Si bien Erdogan ya había roto las negociaciones con el PKK unos meses antes, unas semanas después del golpe de Estado, que ha provocado más de 100.000 detenciones, arrestos y expulsiones de la administración, en una represión sin precedentes en la historia –Hitler tras la Operación Valkiria solo detuvo a 5.000 adversarios–, el dictador dio un paso más al frente en su particular guerra contra los kurdos. Diez diputados del HDP fueron llevados ante los tribunales y los colíderes de esta formación, Figen YüksekdagSelahattin Demirtas, fueron detenidos de una forma arbitraria y atendiendo a criterios políticos.

¿Un estado kurdo desde Irak hasta Siria?

Pero estas detenciones, que se vienen a unir a otros miles de actos hostiles y criminales que a diario sufre la minoría kurda en sus pueblos y ciudades, no detendrán el deseo de millones de kurdos por construir una nación en la que puedan vivir libremente. Ya existe de facto un Estado kurdo (no reconocido internacionalmente) en el norte de Irak y los rebeldes kurdos de Siria ocupan vastos territorios junto a la frontera de este país con Turquía.

LAS GUERRILLAS KURDAS COLABORAN EN IRAK EN LA RECONQUISTA DE MOSUL

Ahora, incluso, las guerrillas kurdas, aliadas con las fuerzas iraquíes, colaboran en la reconquista de Mosulcontra el Estado Islámico. Un gran Estado kurdo desde Irak hasta Siria es un escenario que provoca pesadillas en Ankara pero que no se debe descartar en las próximas semanas a tenor de los últimos acontecimientos.

El viaje hacia ninguna parte comenzado por Erdogan, es una aventura personalista, de ambición y de poder, que solo acabará trayendo la guerra, la desgracia y el aislamiento a una Turquía que se aleja a pasos agigantados de la modernidad. Además, por si Erdogan no ha entendido el mensaje, cada vez son más lo que en Occidente verían con buenos ojos un Estado kurdo en Oriente Medio. Opción ya no descartada por las poderosas cancillerías de Arabia Saudí, Estados Unidos e Israel. Ya se sabe, la política hace extraños compañeros de cama.

Trump provoca la desolación en la izquierda

Por Ricardo Angoso, 9 Noviembre 2016 18:55

El anticristo ya está aquí y tiene en sus manos el botón nuclear

La prensa digital se ha llenado de predicciones apocalípticas. El anticristo está aquí, a siete horas de avión.

Portada de El Periódico de Cataluña. | El Periodico

El País está más que desolado con el triunfo de Trump. “La noche cae sobre Washington”, dice un editorial de urgencia en la versión digital. La victoria de Trump “representa una pésima noticia para todos los demócratas del mundo. Y se convierte , al mismo tiempo, en una fuente de satisfacción y oportunidades para los enemigos de la democracia”. Tacha a Trump de “demagogo impredecible, y por lo tanto peligroso” y dice que “la conmoción” es estratosférica tanto en los demócratas norteamericanos como en el mundo mundial. El País regaña a los americanos por no votar lo que Prisa quería. “El electorado estadounidense ha demostrado que ninguna sociedad, por próspera que sea, es inmune a la demagogia (…) Esperamos que las minorías no sean las primeras víctimas de esta ola de fanatismo racista”. Ya estamos con el Ku Klus Klan a vueltas. “Ayer se consumó una brutal sacudida a los pilares sobre los que descansa el orden internacional”. Y se encomienda a los fundadores de la democracia de EEUU. “Gracias a las previsiones de los padres fundadores, que siempre tuvieron en mente la idea de que alguien como Trump pudiera llegar al Casa Blanca, la Constitución dispone de un elaborado sistema de contrapesos destinado a evitar un gobierno despótico basado en la tiranía de la mayoría”. A Cebrián le van a prohibir la entrada en EEUU.

ABC, sin ser tan tremendista, no se queda atrás. El triunfo de Trump “puede sumir a Estados Unidos en una profunda crisis de valores en cuestión de meses”. El nuevo presidente es “un multimillonario surgido para la política a golpe de talonario y simple popularidad televisiva”. Oh Dios, que viene Pablo Iglesias. Y encima sin talonario. “Ha sabido transmitir con un éxito sorprendente –y para muchos inexplicable– la idea de un patriotismo sentimental y económico ajeno a lo políticamente correcto como solución a los problemas de los ciudadanos. Incluso, aunque esa solución pase por la humillación y la ridiculización del contrario. Sus sobreactuaciones sistemáticas y atípicas en la política norteamericana, su misoginia acreditada, su discurso xenófobo y excluyente, su demagogia permanente y su obsesivo desprecio por la figura de Hillary Clinton han ganado una batalla que obligará tanto al Partido Republicano como al Demócrata, y también a todo Occidente, a preguntarse qué está ocurriendo realmente en las capas medias y bajas de nuestras sociedades desarrolladas para que el populismo vuelva a emerger como solución a la falta de credibilidad, confianza y certidumbre en la política clásica”, dice haciéndole un traje al flamante presidente. A ver si con el cargo se hace mayor y “deja de ser sinónimo de regresión, conflictividad, desprecio y autoritarismo”. Uff. Menos mal que Trump no habla español. Que tiene el botón nuclear en sus manos, caramba, un poco de prudencia.

Pero El Periódico de Cataluña se lleva la palma sin editorializar. “Dios perdone a América”, dice el titular. “Los peores augurios se han cumplido”. “Se abre ahora un periodo de inestabilidad y de incertidumbre”, ha ganado un “populista con claros tintes racistas y misóginos”, un “amigo del Ku Klux Klan” y el mundo “debe empezar a hacerse a la idea”. No, si ya nos hemos hecho, ya. Y nos estáis acojonando. “El Despacho Oval no es un estudio de televisión, y el cargo de presidente de Estados Unidos no se practica a golpe de tuit incendiario”, dice. ¿Esto es una indirecta a Podemos? Otro que se teme que, al paso que vamos, Pablo Iglesias pueda llegar a la Moncloa.

En El Confidencial podemos leer artículos como este: “El mundo en shock: Trump, un radical en la Casa Blanca”, dice Ignacio Varela. Se consumó el desastre (…) No creo que sea exagerado afirmar que el ascenso al poder de Donald Trump es el hecho político más amenazador que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial(…) Es bastante aterrador pensar que los códigos nucleares estarán en manos de dos psicópatas como Trump y Putin”. Y vaticina que al final estos dos se pelearán entre ellos y se reeditará la guerra fría. Eso como mínimo.

En la prensa digital podemita, Público se lo toma con humor: “‘Trumpazo’ en EEUU”. “La broma se ha hecho realidad”. De El Diario de Escolar llama la atención Rosa María Artal. “Ese monstruo, ese desastre, ese fantoche, no ha sido creado por las redes sociales, sino por el sistema y sus medios que parecen no enterarse nunca de nada. El mentiroso compulsivo, misógino, xenófobo, racista, tramposo, bravucón, patán, botarate, hortera, trastornado, peligro público, fue aupado por las televisiones y medios convencionales. La televisión explota a auténticos desaprensivos por la audiencia que llena sus cuentas corrientes. Y tenemos ejemplos bien próximos del gremio de los mentirosos, histriónicos y provocadores. Trump ha demostrado que no es inocuo. Fraguar monstruos, produce monstruos”. ¿Seguro que habla de Trump?

Simón Trinidad se seguirá pudriendo en los Estados Unidos, mientras en Colombia reina la impunidad total

Por Ricardo Angoso, 8 Noviembre 2016 18:17

Simón Trinidad seguirá detenido en la cárcel de máxima seguridad de Estados Unidos

Por:   noviembre 08, 2016 |

El Presidente Barack Obama previo las elecciones que definirán este 8 de noviembre quien será, entre la demócrata Hilary Clinton y el republicano Donald Trump, el próximo Presidente de Estados Unidos,  hizo uso de su derecho constitucional de conceder perdón a condenados detenidos en cárceles norteamericanas. En la lista de 98 indultados no está el nombre de Ricardo Palmera, alias ‘Simón Trinidad’, cuya liberación ha estado en la agenda de las Farc desde que comenzó la negociación en La Habana hace cuatro años. Palmera ganó el juicio por narcotráfico pero permanece en la cárcel de máxima seguridad ADX condenado a 60 años acusado de ser  el responsable del secuestro de los contratistas estadounidenses Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell ocurrido en el año 2008 en Colombia. El Presidente Barack Obama estará en la Casa Blanca hasta el 20 de enero de 2017 cuando tomará posesión el nuevo Presidente y todo indica que concedió los últimos perdones en sus ocho años de gobierno en los que indultó a 872 personas condenadas.

Turquía contra los kurdos: nada ha cambiado

Por Ricardo Angoso, 4 Noviembre 2016 21:08

Turquía detiene a los líderes del principal partido kurdo y a otros diez diputados

La Fiscalía les acusa de mantener lazos con el grupo armado PKK

Selahattin Demirtas, durante una rueda de prensa el pasado día 30 de octubre. SERTAC KAYAR

En un comunicado, el Ministerio de Interior informó de que los políticos kurdos fueron detenidos a petición de varios fiscales provinciales por “negarse a acudir a los tribunales para responder a las solicitudes de la Fiscalía de tomarles declaración” en varios casos en los que se les acusa de actuar a las órdenes del grupo armado kurdo PKK. En mayo, la mayoría del Parlamento aprobó levantar la inmunidad de 138 diputados, la mayoría de ellos de la oposición socialdemócrata y kurda. Desde el HDP, esta iniciativa se vio como un intento de acabar con su partido sin recurrir a la ilegalización ya que 56 de sus 59 diputados acumulan un total de 510 procesos judiciales, en su mayoría por “insultos al presidente” (el islamista Recep Tayyip Erdogan), “propaganda a favor de organización terrorista” o “colaboración con banda armada”. Solo Demirtas se enfrenta a 77 casos en su contra.

“Se trata de una decisión política. Quieren despojar a los kurdos de sus representantes políticos y sus derechos”, afirmó, en declaraciones a EL PAÍS, la diputada Feleknas Uca, que entre 1999 y 2009 fue eurodiputada por la formación alemana Die Linke, ya que dispone de la doble nacionalidad turco-germana. En cambio, una fuente del Ejecutivo consultada por el país acusó a los diputados de “montar un espectáculo para los medios internacionales”. “Cuando un fiscal te cita a declarar, debes acudir. Si no lo haces, te llevarán por la fuerza, como a todo ciudadano de este país”, afirmó.

“Agentes de Policía están ante la puerta de mi casa en Diyarbakir y me quieren llevar a comisaría por la fuerza”, tuiteó Demirtas a la 1.30 de la noche (dos horas menos en España). Ante la negativa de entregarse a las autoridades, los policías terminaron derribando la puerta, según la agencia DHA. Por su parte, la colíder del HDP Yüksekdag fue arrestada en Ankara. El resto de diputados entre ellos el cineasta Sirri Süreyya Önder, una figura emblemática de la izquierda turcafueron apresados en operaciones simultáneas en varias provincias del país.

La policía, además, penetró y registró la sede central del partido en la capital turca. Imágenes de televisión mostraron a dirigentes del HDP discutiendo con agentes de la policía durante el registro, y el edificio fue rodeado por un importante operativo policial formado por vehículos blindados y camiones con mangueras de agua a presión para evitar las protestas. Allí fue detenido el jefe del grupo parlamentario, Idris Baluken, que se quejó de la forma en que era tratado por los agentes: “¡No me golpees la cabeza! ¡Represento a cientos de miles de votos, no puedes hacer esto!”.

El Ministerio de Interior explicó que también se emitieron órdenes de busca y captura para dos diputados más, Faysal Sariyildiz y Tugba Hezer Öztürk, pero al encontrarse en el extranjero no pudieron ser detenidos. Las órdenes de arresto contra otros dos diputados, Imam Tasçier y Nihat Akdogan, están siendo procesadas, añade el comunicado oficial. Además, este jueves, se le requisó el pasaporte al parlamentario del HDP Ferhat Encu cuando se disponía a viajar a Bruselas para participar en un acto con políticos europeos y se le impuso una prohibición de salir al extranjero, pese a que no pesa ninguna decisión judicial en su contra.

“Creemos que ahora el Gobierno irá a por el resto de nosotros. Es un gran error el que está cometiendo Turquía. Esperemos que recapacite y no elija el camino de la guerra sino que retome el proceso de paz”, afirmó Feleknas Uca. En su cuenta de Twitter, el HDP hizo un llamamiento “a la comunidad internacional” para que “reaccione frente al golpe del régimen de Erdogan”. La primera en hacerlo, fue Kati Piri, la relatora del Parlamento Europeo sobre Turquía: “De nuevo malas noticias desde Turquía. Ahora diputados del HDP están siendo detenidos”.

El ministro de Justicia turco, Bekir Bozdag, por su parte, acusó a los países europeos de “hipocresía” por mostrar preocupación por la situación en Turquía a la vez que reciben “a los representantes de los terroristas” y permiten actos de propaganda del PKK.

El HDP es el tercer partido del Parlamento turco. Cuenta con 59 escaños de un total de 550. Pese a que hasta el año pasado el Ejecutivo islamista negociaba un proceso de paz con este partido y con el grupo armado PKK incluido en el listado de organizaciones terroristas internacionales por EEUU, la UE y la propia Turquía, en los últimos quince meses el conflicto armado se ha recrudecido y Erdogan acusa a los diputados kurdos de representar a los “terroristas”.

Al menos 181 alcaldes y concejales kurdos y 301 dirigentes locales de formaciones kurdas permanecen en prisión acusados de colaborar con el PKK. Además, una treintena de alcaldías han sido intervenidas por el Gobierno, la última de ellas la de Diyarbakir —la ciudad más importante del sureste kurdo y sus dos coalcaldes han sido detenidos. Durante las dos últimas semanas, internet ha dejado de funcionar durante días enteros para evitar que los nacionalistas kurdos coordinasen protestas, lo que a su vez ha llevado a muchos negocios a experimentar problemas.